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viernes, 19 de diciembre de 2014

Glaciares y frutos mueren en Perú sin respuesta de la COP 20


Pie de foto: Cayetano Huanca, quien vive cerca del glaciar de Ausangate, en el departamento de Cusco, en los Andes de Perú. En pocos años, ese nevado podría extinguirse, como ya ha sucedido con otros en el país. Crédito: Oxfam.

Fuente: IPS Agencia de Noticias:
http://www.ipsnoticias.net/2014/12/glaciares-y-frutos-mueren-en-peru-sin-respuesta-de-la-cop-20/

LIMA, 12 dic 2014 (IPS) - Los nevados agonizan en Perú, que concentra 70 por ciento de los glaciares tropicales en el mundo, y los agricultores de esos ecosistemas viven peripecias para adaptarse al alza de la temperatura, mientras en Lima gobiernos de 195 países cierran las negociaciones climáticas sin atender esta realidad cercana.
A unos 100 kilómetros de un nevado que se resiste a morir, el Salkantay, en el departamento de Cusco, hay un monumento  al cultivo de la granadilla, un fruto del que dependen centenares de pobladores de la zona, y que en 20 años, según las proyecciones, no se podrá sembrar más.
El monumento ubicado en la plaza del municipio de Santa Teresa, una localidad cercana a Machu Picchu, perenniza la producción de este cultivo: una mujer recoge los frutos, un campesino carga en sus espaldas la siembra en un costal, otro corta la maleza mientras un agricultor acompañado por un perro remueve la tierra.
Esa escena congelada es rutinaria en Santa Teresa, donde  la granadilla (Passiflora ligularis) se produce entre los 2.000 y 2.800 metros sobre el nivel del mar. Pero se proyecta que el cultivo deberá desplazarse hasta los 3.000 metros por el incremento de la temperatura. Al llegar a ese punto, no podrá sembrase más granadilla.
“El impacto en esta zona es fuerte porque los pobladores viven de esta producción”, contó a IPS la ingeniera ambiental Karim Quevedo, quien ha recorrido la microcuenca Santa Teresa como responsable de la Dirección de Agrometeorología del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología de Perú (Senhami).
Esta microcuenca es una de las zonas estudiadas por Senhami como parte de un proyecto de adaptación de las poblaciones locales por el impacto del retroceso de glaciares. En Santa Teresa, el glaciar que agoniza a su lado es el Salkantay, que en quechua significa montaña salvaje.
El Salkantay, que es el corazón viejo e indomable de la cordillera de Vilcabamba,  abastece de agua dulce a los ríos  de la zona. Pero en los últimos  40 años ha perdido 63,6 por ciento de su superficie glaciar, equivalente a unos 22 kilómetros cuadrados según la gubernamental Autoridad Nacional del Agua (ANA).
“Es importante medir de qué manera afecta este retroceso glaciar a los pobladores para saber cómo pueden adaptarse, ya que la pérdida de estos nevados es irreversible”, explicó a IPS el responsable del Área de Cambio Climático de la ANA, Fernando Chiock.
Tanto Chiock como Quevedo aseguran que es crucial que se considere la afectación directa a los pobladores locales y se prioricen los fondos destinados a mitigar estos impactos, durante el cierre de la 20 Conferencia de las Partes (COP 20), a cuya fase final concurrieron gobernantes y altos representantes de los 195 países.


Pie de foto: Monumento al cultivo de la granadilla en el pueblo de Santa Teresa, que sus pobladores no podrán producir en 20 años más, por la elevación de las temperaturas en esta zona montañosa de Cusco, en los Andes de Perú. Crédito: Cortesía de Karim Quevedo.

La COP 20 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) debe concluir este viernes 12 o el sábado 13 si, como se anticipa, las negociaciones se prolongan, después de dar inicio el 1 de este mes.
“Está pendiente ver cómo aterrizar lo que se acuerde en esta cumbre del clima con lo que sucede en estas localidades. Uno de los desafíos es conectar los grandes acuerdos”, agregó Quevedo a IPS en el espacio de Voces por el Clima de la COP, a pocos metros de las negociaciones en el recinto militar de El Pentagonito.
El panorama es preocupante según los expertos. Desde los años 70 hasta la actualidad, la superficie glaciar de los 2.679 glaciares que existen en los Andes de Perú, ha retrocedido en más de 40 por ciento, apuntó Chiok.
De más de 2.000 kilómetros cuadrados de superficie glaciar en los años 70 se pasó a unos 1.300 kilómetros.
La situación de emergencia ya provocó la muerte de nevados, como el de Broggi que formaba parte de la Cordillera Blanca, la cadena montañosa tropical con mayor densidad de glaciares del mundo y que como la Vilcabamba integra los Andes peruanos.
Hace unos 50 años, el retroceso glaciar del Broggi era de dos metros por año pero en los 80 y 90 trepó a los 20 metros anuales.
En 2005, este nevado se dejó de monitorear, porque su superficie glaciar, que equivale a los signos de vida de un ser humano, desapareció por completo.
En la actualidad, el retroceso glaciar oscila entre nueve y 20 metros al año, según la ANA. Paralelamente, se han formado unas 900 lagunas nuevas con el agua de la desglaciación, relató Chiock.
En lo inmediato la aparición de nuevas lagunas puede parecer una buena noticia para los pobladores locales, pero según el experto de la ANA debe considerarse el adecuado manejo de estas fuentes de agua para no generar falsas expectativas en las comunidades y poder manejar los riesgos de estas lagunas por la ruptura de los diques.
Chiok explicó que actualmente existen 35 lagunas con obras de seguridad por el riesgo que hay en ellas.
En el campo, se ha instalado la incertidumbre. Lagunas que aparecen, glaciares que mueren. Granizadas que caen sobre los cultivos de maíz. Lluvias indecisas y furibundas que afectan los sembríos de papa, el sol incandescente que pudre los frutos, los insectos que aparecen como burbujas de una olla hirviendo.
“La variabilidad climática de las localidades se ha alterado. No se puede generalizar qué pasa, cada pueblo enfrenta su propio problema. Pero lo que sí es innegable son estos cambios del clima”, detalló Quevedo a IPS.
En este escenario, hay cultivos más afectados que otros. Con las temperaturas altas, los cultivos de papa deben trasladarse a mayor altura porque necesitan de las noches de frío para su producción. En algunas zonas, el sembrío de café con un sol furioso puede ser positivo, pero en otros no tanto porque también necesita sombra.
El clima influye en 61 por ciento en la producción de los cultivos, según la Organización Meteorológica Mundial.
“Estos eventos del clima menores son los que más daño causan a la población, y son los más invisibles ante la comunidad internacional”, dijo a IPS el director del Centro del Clima de la Cruz Roja Internacional, Maarten Van Aalts, quien participó en las actividades de la COP 20.
A su juicio, no tiene que desatarse un huracán que se lleve todo de golpe, como sucedió en Haití en enero de 2010, para que los gobiernos que participan en las negociaciones climáticas reaccionen. Pero se han derretido las esperanzas de que lo hagan antes de que la COP 20 eche el cierre aquí, en Lima.

sábado, 12 de abril de 2014

Las probabilidades de un calentamiento global natural son casi nulas/The odds of a natural global warming are almost null

Variación media de la temperatura en función de la concentración de CO2/Mean temperature variation as a function of CO2 concentration (Taken from Scaling fluctuation analysis and statistical hypothesis testing of anthropogenic warming)

El análisis estadístico descarta la hipótesis de un calentamiento natural con más de un 99 % de certeza.
Un análisis de los datos de temperatura registrados desde 1500, descarta prácticamente la posibilidad de que el calentamiento global producido en la era industrial sea sólo una fluctuación natural del clima de la tierra, de acuerdo con un nuevo estudio realizado por Shaun Lovejoy, profesor de Física en la Universidad McGill (California, E.E.U.U.)
El estudio, publicado en línea el 6 de abril en la revista Climate Dynamics, utiliza un nuevo enfoque para estudiar si el calentamiento global en la era industrial, se debe a las emisiones originadas por la quema de combustibles fósiles a gran escala. En lugar de utilizar complicados modelos informáticos para estimar los efectos de las emisiones de gases de efecto invernadero, Lovejoy examina los datos históricos para comparar la otra posible hipótesis: que el calentamiento registrado en el último siglo se deba a variaciones naturales a largo plazo de la temperatura.
Según Lovejoy "este estudio será un duro golpe para los que aún niegan el cambio climático. El estudio emplea métodos estadísticos para determinar la probabilidad de que el calentamiento global desde 1880 se debe a una variabilidad natural. La conclusión es que dicha hipótesis - calentamiento natural- puede ser descartada con un nivel de confianza superior al 99%, y puede que superior incluso al 99,9 % . "
Para evaluar la variabilidad natural antes de la interferencia humana, el estudio utiliza las "reconstrucciones multi- proxy de clima ", desarrolladas por los científicos en los últimos años para estimar temperaturas históricas, así como técnicas de análisis de fluctuación tomadas de la geofísica no lineal. Las reconstrucciones climáticas tienen en cuenta una serie de indicadores que se encuentran en la naturaleza, como son los anillos de árboles, testigos tomados en el hielo y sedimentos lacustres. Las técnicas de análisis de fluctuaciones permiten comprender las variaciones de temperatura a lo largo de escalas de tiempo más grandes.
Para la era industrial, Lovejoy utiliza el dióxido de carbono, procedente de la quema de combustibles fósiles, como único indicador de los efectos humanos sobre el clima, una simplificación justificada por la estrecha relación entre la actividad económica global y la emisión de gases de efecto invernadero y la contaminación por partículas, y añade: "esto permite que el nuevo enfoque incluya implícitamente el efecto de enfriamiento causado por las partículas de polvo contaminante, que todavía están mal cuantificadas en los modelos de ordenador " .
Aunque el estudio no utiliza los grandes modelos informáticos de uso común por los científicos para estimar la magnitud del futuro cambio climático, las conclusiones de Lovejoy complementan las del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Lovejoy predice, con una confianza del 95 %, que una duplicación de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera produciría un calentamiento de entre 2,5 y 4,2 grados Celsius. Dicho rango es más preciso- aunque está en línea con él, que el predicho por el IPCC que indica que las temperaturas subirían entre 1,5 y 4,5 grados centígrados si las concentraciones de dióxido de carbono se duplicaran.
"Hemos tenido una fluctuación de la temperatura media, simplemente enorme desde 1880, del orden de 0,9 grados Celsius ", dice Lovejoy . "Este estudio demuestra que las probabilidades de que eso se deba a fluctuaciones naturales, son inferiores al uno por ciento. Y puede que al uno por mil"
 "Aunque el rechazo estadístico de una hipótesis, no puede ser utilizada para concluir la certeza de cualquier alternativa específica, en muchos casos - incluido éste - el rechazo de una aumenta en gran medida la credibilidad de la otra"

Statistical analysis rules out natural-warming hypothesis with more than 99% certainty
An analysis of temperature data since 1500 all but rules out the possibility that global warming in the industrial era is just a natural fluctuation in the earth’s climate, according to a new study by McGill University physics professor Shaun Lovejoy.
The study, published online April 6 in the journal Climate Dynamics, represents a new approach to the question of whether global warming in the industrial era has been caused largely by man-made emissions from the burning of fossil fuels. Rather than using complex computer models to estimate the effects of greenhouse-gas emissions, Lovejoy examines historical data to assess the competing hypothesis: that warming over the past century is due to natural long-term variations in temperature.
“This study will be a blow to any remaining climate-change deniers,” Lovejoy says. Lovejoy’s study applies statistical methodology to determine the probability that global warming since 1880 is due to natural variability. His conclusion: the natural-warming hypothesis may be ruled out “with confidence levels great than 99%, and most likely greater than 99.9%.”
To assess the natural variability before much human interference, the new study uses “multi-proxy climate reconstructions” developed by scientists in recent years to estimate historical temperatures, as well as fluctuation-analysis techniques from nonlinear geophysics. The climate reconstructions take into account a variety of gauges found in nature, such as tree rings, ice cores, and lake sediments. And the fluctuation-analysis techniques make it possible to understand the temperature variations over wide ranges of time scales.
For the industrial era, Lovejoy’s analysis uses carbon-dioxide from the burning of fossil fuels as a proxy for all man-made climate influences – a simplification justified by the tight relationship between global economic activity and the emission of greenhouse gases and particulate pollution, he says. “This allows the new approach to implicitly include the cooling effects of particulate pollution that are still poorly quantified in computer models,” he adds.
While his new study makes no use of the huge computer models commonly used by scientists to estimate the magnitude of future climate change, Lovejoy’s findings effectively complement those of the International Panel on Climate Change (IPCC), he says. His study predicts, with 95% confidence, that a doubling of carbon-dioxide levels in the atmosphere would cause the climate to warm by between 2.5 and 4.2 degrees Celsius. That range is more precise than – but in line with -- the IPCC’s prediction that temperatures would rise by 1.5 to 4.5 degrees Celsius if CO2 concentrations double.
“We’ve had a fluctuation in average temperature that’s just huge since 1880 – on the order of about 0.9 degrees Celsius,” Lovejoy says. “This study shows that the odds of that being caused by natural fluctuations are less than one in a hundred and are likely to be less than one in a thousand.
“While the statistical rejection of a hypothesis can’t generally be used to conclude the truth of any specific alternative, in many cases – including this one – the rejection of one greatly enhances the credibility of the other.”


Tomado de/Taken from McGill University

Resumen del artículo/Abstract of the paper
Scaling fluctuation analysis and statistical hypothesis testing of anthropogenic warming
S. Lovejoy
Climate Dynamics, April 2014. DOI: 10.1007/s00382-014-2128-2
Abastract
Although current global warming may have a large anthropogenic component, its quantification relies primarily on complex General Circulation Models (GCM’s) assumptions and codes; it is desirable to complement this with empirically based methodologies. Previous attempts to use the recent climate record have concentrated on “fingerprinting” or otherwise comparing the record with GCM outputs. By using CO2 radiative forcings as a linear surrogate for all anthropogenic effects we estimate the total anthropogenic warming and (effective) climate sensitivity finding: ΔT anth = 0.87 ± 0.11 K, λ2xCO2,eff=3.08±0.58K . These are close the IPPC AR5 values ΔT anth = 0.85 ± 0.20 K and λ2xCO2=1.5−4.5K (equilibrium) climate sensitivity and are independent of GCM models, radiative transfer calculations and emission histories. We statistically formulate the hypothesis of warming through natural variability by using centennial scale probabilities of natural fluctuations estimated using scaling, fluctuation analysis on multiproxy data. We take into account two nonclassical statistical features—long range statistical dependencies and “fat tailed” probability distributions (both of which greatly amplify the probability of extremes). Even in the most unfavourable cases, we may reject the natural variability hypothesis at confidence levels >99 %.

domingo, 16 de marzo de 2014

Cooperativas eléctricas: una alternativa energética para tu hogar


Los ciudadanos han visto incrementar sus recibos de la luz hasta un 80% desde el inicio de la crisis, sin embargo, no saben qué es lo que están pagando exactamente. Intentar entender los conceptos que graban la factura de la luz es un auténtico trabajo de investigación.
Sin ánimos de hacer un análisis económico, sí se debe saber que casi la mitad de lo que se paga en la factura de la luz son los llamados “peajes de acceso”, una serie de costes que se han incrementado mucho en los últimos años, que no tienen nada que ver con el coste de producir la electricidad y que se pueden poner en tela de juicio.
En España, 5 grandes compañías eléctricas mueven cerca del 85% de la producción eléctrica y alrededor del 90% de su comercialización. Son tan grandes que expulsan a toda competencia, convirtiéndose en auténticos oligopolios. Lo que significa que se pueden poner de acuerdo para pactar los precios de la electricidad que todos consumimos en nuestros hogares.
Ante el descontento de muchos ciudadanos con este sistema confuso y poco transparente, ha surgido una alternativa para obtener electricidad limpia y procedente de energías renovables: las cooperativas eléctricas.
El objetivo principal de estas cooperativas es generar toda la energía que los socios demanden y comercializarla, garantizando al consumidor el control absoluto de la energía demandada, un precio justo por kilowatio y la gestión de su factura eléctrica.
La electricidad que comercializan es 100% verde, procedente de fuentes renovables como el sol, el viento, el agua, el calor geotérmico, las olas, las mareas o la biomasa.
Su valor añadido es que al ser una cooperativa, los socios forman parte de la empresa, con lo que apuestan no sólo por las energías renovables si no por un modelo energético compartido con los ciudadanos, abierto y participativo.
De ahí que estas cooperativas hayan visto incrementar su número de socios de manera exponencial en los últimos dos años. La catalana Som Energia ha multiplicado su número de socios desde septiembre de 2012, pasando de 4.000 a 12.700 socios. Del mismo modo, la vasca GoiEner ha superado los 1.200 socios en apenas un año, mientras que la andaluza Zencer, la última que han empezado a operar en España, ronda los 500 socios.
No obstante, las cooperativas energéticas no son algo nuevo, en Europa existen más de 2.000, la gran mayoría de ellas repartidas en Alemania y Dinamarca y su origen se remonta a principios del siglo pasado.
¿Cómo se contrata esta energía verde?
Imaginemos que usted tiene su casa en Barcelona y quiere pasarse a una cooperativa eléctrica, deberá seguir unos pasos muy sencillos.
Simplemente debe darse de alta como socio a través de la página web de la cooperativa que usted elija y abonar  unos 100 euros, que son reembolsables si se da de baja. Rellena el contrato de suministro y adjunta el último recibo de la luz. Ya está. Simplemente eso. No debe cambiar la instalación ni hacer nada más.
¿Convencido?
 
 

viernes, 31 de enero de 2014

Aumentan las muertes de pingüinos por el cambio climático/Climate change increases the deaths of penguins


El cambio climático está matando a los polluelos de la mayor colonia de pingüinos de Magallanes del mundo, no sólo indirectamente al privarlos de alimentos, como se ha documentado en varias ocasiones para estas y otras aves marinas, sino también de manera directa como consecuencia de las lluvias torrenciales o del calor extremo.
Demasiado grande para que los padres lo protejan sentándose encima, pero aún demasiado joven para tener plumas impermeables, los peludos polluelos de pingüino de Magallanes expuestos a una lluvia torrencial pueden morir de hipotermia, a pesar de los esfuerzos de sus dedicados padres. Y durante el calor extremo, los polluelos no impermeabilizados no pueden darse un refrescante chapuzón como hacen los pingüinos adultos.
Varios grupos de investigación han publicado sus conclusiones acerca de las consecuencias sobre la reproducción, de las tormentas aisladas o de las olas de calor, eventos ambos que, tomados individualmente, no pueden ser vinculados al cambio climático. Los nuevos resultados abarcan 27 años de datos recogidos en Argentina bajo la dirección de Dee Boersma, profesora de biología en la Universidad de Washington, y han sido publicados en el número del 29 de enero de PLOS ONE.
Según Boersma, "Es el primer estudio a largo plazo que demuestra que el cambio climático tiene un importante impacto en la supervivencia de los polluelos y en el éxito reproductivo". El trabajo de campo se ha llevado a cabo desde 1983 en el área de cría más importante del mundo para los pingüinos de Magallanes en Punta Tombo, en el medio aproximadamente de la costa atlántica argentina, en donde, de septiembre a febrero, residen 200.000 parejas para tener a sus crías.
Durante estos 27 años y como promedio, murió un 65 por ciento de los polluelos, con alrededor del 40 por ciento a causa de la inanición. El cambio climático, una causa de muerte relativamente nueva, mató un promedio de un 7 por ciento de polluelos por año, pero hubo años en que esta fue la causa más común de muerte, alcanzando hasta un 43 o un 50% por ciento.
Según Boersma, es probable que con el cambio climático, el hambre y el tiempo interactúen cada vez más :"los polluelos hambrientos son más propensos a morir en una tormenta. No hay mucho que podamos hacer para mitigar el cambio climático, pero se podrían tomar medidas para asegurar que la mayor colonia de pingüinos de Magallanes de la Tierra tiene suficiente para comer, a través de la creación de una reserva marina protegida, con regulaciones en materia de pesca, donde los pingüinos se alimentan mientras sacan adelante a los polluelos ".
Las precipitaciones y el número de tormentas en temporada de cría han aumentado en el área de estudio argentina, ha comentado Ginger Rebstock, científico investigador de la UW y co-autor del artículo. Por ejemplo, entre 1983 y 2010 ha aumentado el número de tormentas que tienen lugar durante las dos primeras semanas de diciembre, cuando los polluelos tienen menos de 25 días y son más vulnerables a los temporales: “si, como predicen los meteorólogos, el cambio climático origina tormentas más grandes y más frecuentes en tiempos de vulnerabilidad durante la estación de cría, habrá años en los que casi no sobrevivan polluelos”.
Los pingüinos de Magallanes son de mediano tamaño, miden alrededor de 37 cm de alto (15 pulgadas) y pesan unos 5 kilos. Los machos de la especie parecen burros rebuznando cuando vocalizan. De las 17 especies de pingüinos, 10 incluyendo la de Magallanes, crían donde no hay nieve, el tiempo es relativamente seco y las temperaturas son moderadas.
Punta Tombo es tan árida que solo tiene una media de 100 milímetros de lluvia durante los seis meses de la temporada de cría y a veces, no llueva en absoluto. La lluvia es un problema y mata a los polluelos empapados de entre 9 y 23 días, si no se secan y calientan después de las fuertes tormentas de noviembre y diciembre, cuando las temperaturas pueden bajar. Cuando alcanzan los 25 días o más, la mayoría tiene suficiente plumaje juvenil para protegerlos. Si los polluelos mueren, sus padres no ponen huevos adicionales durante esa temporada.
Los resultados del estudio se basan en la información meteorológica, recogida en el aeropuerto regional y en el campo por los investigadores, así como en los recuentos de pingüinos. Durante la época de reproducción, los investigadores visitan los nidos una vez o dos veces al día para ver que está sucediendo y anotar lo que hay en el nido, a menudo teniendo que perseguir a los pollitos por lo alrededores cuando comienzan a crecer. Cuando los polluelos desaparecen o son encontrados muertos, los investigadores se convierten en detectives en busca de evidencias de hambre, depredadores u otras causas de muerte, como ser picoteado o golpeado por otros pingüinos.
Recién vuelta de pasar dos meses sobre el terreno, Boersma ha comentado que esta temporada el calor ha matado más polluelos que las tormentas. Esta variabilidad interanual es la razón por la cual el número de polluelos que mueren cada año a causa del cambio climático, no es una cifra constante y creciente. Sin embargo, con el tiempo los investigadores esperan que el cambio climático sea una causa cada vez más importante de muerte entre los polluelos.
Otra causa de aumento de muertes atribuible al cambio climático, según Boersma, es que cada año los pingüinos llegan a las zonas de reproducción más tarde, probablemente debido a que el pescado que comen también está llegando más tarde. Cuanto más tarde en el año eclosionen los huevos, más probable es que se encuentren aún en una etapa desprotegida cuando lleguen las tormentas típicas de noviembre y diciembre.
Además de en la costa de Argentina, los pingüinos de Magallanes también se reproducen en el lado chileno de América del Sur y en las islas Malvinas (Falkland), unas áreas de reproducción que comparten con otros 60 especies de aves marinas. Estas especies son también propensas a sufrir los efectos negativos del cambio climático, perdiendo, al igual que los pingüinos, generaciones enteras en esas zonas.
"El aumento de las tormentas es un mal presagio no solo para los pingüinos de Magallanes, sino también para muchas otras especies”.
Causas de muerte de polluelos de pingüinos de Magallanes/Causes of death of Magellanic penguin chicks
Climate change is killing penguin chicks from the world's largest colony of Magellanic penguins, not just indirectly -- by depriving them of food, as has been repeatedly documented for these and other seabirds -- but directly as a result of drenching rainstorms and, at other times, heat.
Too big for parents to sit over protectively, but still too young to have grown waterproof feathers, downy penguin chicks exposed to drenching rain can struggle and die of hypothermia in spite of the best efforts of their concerned parents. And during extreme heat, chicks without waterproofing can't take a dip in cooling waters as adults can.
Various research groups have published findings on the reproductive repercussions from single storms or heat waves, events that individually are impossible to tie to climate change. The new results span 27 years of data collected in Argentina under the direction of Dee Boersma, UW biology professorand have been published in the Jan. 29 issue of PLOS ONE.
"It's the first long-term study to show climate change having a major impact on chick survival and reproductive success," said Boersma, who has led field work since 1983 at the world's largest breeding area for Magellanic penguins, about halfway up the Atlantic coast of Argentina at Punta Tombo, where 200,000 pairs reside from September through February to have their young.
During a span of 27 years, an average of 65 percent of chicks died per year, with some 40 percent starving. Climate change, a relatively new cause of chick death, killed an average of 7 percent of chicks per year, but there were years when it was the most common cause of death, killing 43 percent of all chicks one year and fully half in another.
Starvation and weather will likely interact increasingly as climate changes, Boersma said."Starving chicks are more likely to die in a storm," she said. "There may not be much we can do to mitigate climate change, but steps could be taken to make sure the Earth's largest colony of Magellanic penguins have enough to eat by creating a marine protected reserve, with regulations on fishing, where penguins forage while raising small chicks."
Rainfall and the number of storms per breeding season have already increased at the Argentine study site, said Ginger Rebstock, UW research scientist and the co-author of the paper. For instance in the first two weeks of December, when all chicks are less than 25 days old and most vulnerable to storm death, the number of storms increased between 1983 and 2010: "We're going to see years where almost no chicks survive if climate change makes storms bigger and more frequent during vulnerable times of the breeding season as climatologists predict”.
Magellanics are medium-sized penguins standing about 15 inches tall and weighing about 10 pounds. Males of the species sound like braying donkeys when they vocalize. Of the Earth's 17 species of penguins, 10 -- including Magellanics -- breed where there is no snow, it is relatively dry and temperatures can be temperate.
Punta Tombo is so arid that it gets an average of only 4 inches (100 mm) of rain during the six-month breeding season and, sometimes, no rain falls at all. Rain is a problem and kills down-covered chicks ages 9 to 23 days if they can't warm up and dry off after heavy storms in November and December when temperatures are likely to dip. If chicks can live 25 days or more, most have enough juvenile plumage to protect them. Once chicks die, parents do not lay additional eggs that season.
The findings are based on weather information, collected at the regional airport and by researchers in the field, as well as from penguin counts. During the breeding season researchers visit nests once or twice a day to see what is happening and record the contents of the nest, often hunting for chicks when they move around as they get older. When chicks disappear or are found dead, the researchers turn into detectives looking for evidence of starvation, predators or other causes of death such as being pecked or beaten by other penguins.
Just back from two months in the field, Boersma said heat this season took a greater toll on chicks than storms. Such variability between years is the reason why the number of chicks dying from climate change is not a tidy, ever-increasing figure each year. Over time, however, the researchers expect climate change will be an increasingly important cause of death.
Also contributing to increasing deaths from climate change is the fact that, over 27 years, penguin parents have arrived to the breeding site later and later in the year, probably because the fish they eat also are arriving later, Boersma said. The later in the year chicks hatch the more likely they'll still be in their down-covered stage when storms typically pick up in November and December.
Besides the coast of Argentina, Magellanic penguins also breed on the Chile-side of South America and in the Falkand (Malvinas) Islands, breeding ranges they share with some 60 other seabird species. These species also are likely to suffer negative impacts from climate change, losing whole generations as the penguins have in the study area, the co-authors say.
"Increasing storminess bodes ill not only for Magellanic penguins but for many other species," they write.

Tomado de /Taken from University of Washington


Climate Change Increases Reproductive Failure in Magellanic Penguins
P. Dee Boersma, G.A. Rebstock
Published: January 29, 2014; DOI: 10.1371/journal.pone.0085602
Abstract
Climate change is causing more frequent and intense storms, and climate models predict this trend will continue, potentially affecting wildlife populations. Since 1960 the number of days with >20 mm of rain increased near Punta Tombo, Argentina. Between 1983 and 2010 we followed 3496 known-age Magellanic penguin (Spheniscus magellanicus) chicks at Punta Tombo to determine how weather impacted their survival. In two years, rain was the most common cause of death killing 50% and 43% of chicks. In 26 years starvation killed the most chicks. Starvation and predation were present in all years. Chicks died in storms in 13 of 28 years and in 16 of 233 storms. Storm mortality was additive; there was no relationship between the number of chicks killed in storms and the numbers that starved (P = 0.75) or that were eaten (P = 0.39). However, when more chicks died in storms, fewer chicks fledged (P = 0.05, R2 = 0.14). More chicks died when rainfall was higher and air temperature lower. Most chicks died from storms when they were 9–23 days old; the oldest chick killed in a storm was 41 days old. Storms with heavier rainfall killed older chicks as well as more chicks. Chicks up to 70 days old were killed by heat. Burrow nests mitigated storm mortality (N = 1063). The age span of chicks in the colony at any given time increased because the synchrony of egg laying decreased since 1983, lengthening the time when chicks are vulnerable to storms. Climate change that increases the frequency and intensity of storms results in more reproductive failure of Magellanic penguins, a pattern likely to apply to many species breeding in the region. Climate variability has already lowered reproductive success of Magellanic penguins and is likely undermining the resilience of many other species.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Los cambios abruptos de clima son los más peligrosos/Abrupt climate changes are the more dangerous ones


Los cambios climáticos - y los resultados de esos cambios - podrían ocurrir en cuestión de décadas o incluso antes, y se están convirtiendo en una de las mayores preocupaciones para los científicos, según un nuevo estudio de la Academia Nacional de Ciencias de E.E.U.U.
"Los cambios más difíciles son los bruscos", ha comentado James White, profesor de ciencias geológicas en la Universidad de Colorado en Boulder y presidente del comité que ha realizado el informe, en la conferencia de prensa en la que se presentó dicho estudio, el pasado 3 de diciembre de 2013. Blanco y varios coautores del artículo hablaron en una conferencia de prensa el martes por la mañana.
El documento se centra en aquellos impactos debidos al cambio climático que pueden ocurrir más rápidamente. Entre ellos está la rápida disminución del hielo marino del Ártico, observada por los científicos en la última década y la creciente presión de extinción de plantas y animales, causada por el aumento rápido del calor climático.
Muchos de estos cambios, de acuerdo a Tony Barnosky, profesor en el Departamento de Biología Integradora de la Universidad de California, Berkeley, son "cosas que la gente de esta sala pueden ver a su alrededor". Hizo hincapié en que los científicos están "realmente preocupados por lo que va a suceder en los próximos años o décadas."
"El planeta va a ser más caliente de lo que la mayoría de las especies que viven hoy en día sobre la Tierra han visto, incluidos los seres humanos," dijo Barnosky. "El ritmo del cambio es varios órdenes de magnitud mayor del que han experimentado las especies en los últimos diez millones de años."
Otros cambios más graduales también pueden tener un brusco impacto sobre el ecosistema y sobre los sistemas humanos, como pueden ser la pérdida de la pesca o los cambios de lugar donde ciertos vegetales pueden cultivarse. La rápida pérdida de hielo, por ejemplo, significaría que los niveles del mar subirán a un ritmo mucho más rápido que el actual, lo que tendría un efecto significativo sobre las regiones costeras. Nos podemos preparar mejor para el aumento de un metro de nivel del mar si sucede en 100 años que si ocurre en 30 años.
Barnosky añade, "si se piensa en el cambio gradual, se puede ver cuál es el camino y adónde conduce. Pero con los cambios y efectos bruscos, el camino cae de repente bajo tus pies”.
El informe proporciona dos buenas noticias. La primera es que los científicos no creen que el cambio climático vaya a detener la corriente de chorro atlántica, una posibilidad que se ha venido discutiendo en algunas investigaciones. Asimismo, tampoco creen que las emisiones de metano del hielo y el suelo del Ártico vayan a plantear una amenaza seria a corto plazo, tal y como se había considerado anteriormente.
El documento recomienda mayores inversiones en sistemas de alerta temprana para seguir los impactos bruscvos, tales como por ejemplo, programas de vigilancia para facilitar un seguimiento más preciso de la fusión del hielo y la emisión de metano. En este momento, la inversión en estos sistemas es muy pequeña en los EE.UU., y los programas de vigilancia han sufrido recortes en los últimos años.
Según White, "ha llegado el momento de que dejemos de hablar y empecemos a actuar".
Tomado del Informe/Taken from the Report
Climatic changes -- and the results of those changes -- could occur within decades or even sooner, and they are becoming a greater concern for scientists, according to a new paper from the National Academy of Sciences.
"The most challenging changes are the abrupt ones," said James White, a professor of geological sciences at the University of Colorado in Boulder and chair of the report committee, at a press conference Tuesday (December 4).
The paper focuses on those impacts due to climate change that can happen most quickly. Among these are the rapid decline in Arctic sea ice that scientists have seen in the last decade and increased extinction pressure on plants and animals caused by the rapidly warming climate.
Many such changes, according to Tony Barnosky, a professor in the Department of Integrative Biology at the University of California, Berkeley, are "things that people in this room will be around to see." He emphasized that scientists are "really worried about what's going to happen in the next several years or decades."
"The planet is going to be warmer than most species living on Earth today have seen it, including humans," said Barnosky. "The pace of change is orders of magnitude higher than what species have experienced in the last tens of millions of years."
Other, more gradually occurring changes can still have abrupt impacts on the ecosystem and human systems, such as the loss of fisheries or shifts in where certain crops can be cultivated. Rapid loss of ice, for example, would mean that sea levels rise at a much faster rate than the current trend, which would have a significant effect on coastal regions. A 3-foot rise in the seas is easier to prepare for if it happens on a 100-year horizon than if it happens within 30 years.
According to Barnosky, "If you think about gradual change, you can see where the road is and where you're going. With abrupt changes and effects, the road suddenly drops out from under you."
The paper did offer two bits of good news. One, scientists don't believe that climate change is likely to shut down the Atlantic jetstream, a possibility that had been discussed in some scientific research. They also don't believe that large, rapid emissions of methane from ice and Arctic soil will pose a serious threat in the short term, as had been considered previously.
The paper recommends increased investment in an early-warning system for monitoring abrupt impacts, such as surveillance programs to facilitate closer tracking of melting ice and methane releases, for example. Right now, investment in those systems is lacking in the U.S., and monitoring programs have been cut in recent years.
"The time has come for us to quit talking and actually take some action," said White.

Tomado de/Taken from The Huffington Post

Una versión en pdf puede descargarse de/A pdf version can be free downloaded from The National Academic Press

lunes, 14 de octubre de 2013

Al cambio climático golpeará primero los trópicos/Extreme climate will hurts tropics first

Año en que la temperatura media anual superará a la mayor temperatura media de los años 1860-2005

En el año 2047 la temperatura media del  planeta superará a cualquiera registrada en la historia reciente. A partir de ese momento, hasta un año de los fríos será más cálido que cualquier año cálido del periodo 1860 a 2005. Esto sucederá si los países continúan emitiendo dióxido de carbono como lo hacen ahora. Y las nuevas temperaturas extremas no se producirán en el Ártico, sino en los trópicos, donde las personas, las plantas y los animales salvajes están menos preparados para adaptarse. Este inquietante análisis proviene de un nuevo y masivo estudio liderado por Camilo Mora de la Universidad de Hawaii en Manoa, publicado recientemente en Nature.
El informe comienza reconociendo que la temperatura anual media mundial fluctúa de año en año, aunque en general, lleva subiendo desde el comienzo de la revolución industrial. Si no se hace nada, la temperatura en 2047 superará incluso a la temperatura anual más alta conocida desde 1860 hasta 2005. Si se recortan de forma agresiva las emisiones, esa fecha se retrasará hasta 2069. Mora y sus colegas han utilizado datos de 39 modelos climáticos diferentes con dos escenarios diferentes: seguir como hasta ahora (lo que conduce a la fecha de 2049) y la mitigación agresiva de emisiones (la fecha de 2069). Esos dos mismos escenarios son las piedras angulares de la nueva evaluación del clima, publicada recientemente por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.
El equipo de Mora también estudió los efectos sobre otras seis variables: temperatura superficial del agua de mar, evaporación, flujo de calor, pH oceánico, precipitación y transpiración (humedad emitida por las plantas). Después generaron un mapa para cada variable mostrando la fecha de superación de la temperatura en todo el mundo.
Según Mora, el resultado más sorprendente es que "los efectos más tempranos y más extremos sucederán en los trópicos y no en el Ártico”, donde se centran nuestras preocupaciones. Esto se debe a que, en los trópicos, las variaciones naturales de las temperaturas del aire y del océano y de otras variables climáticas son muy pequeñas, por lo que cambios relativamente menores llevarán estas condiciones fuera de sus límites. Como resultado, dice Mora, las plantas y animales tropicales sufrirán un mayor stress, ya que las especies acostumbradas a vivir con fluctuaciones tan estrechas no podrán adaptarse con la suficiente rapidez a unos cambios climáticos rápidos y sin precedentes. En los trópicos viven la mayoría des las especies mundiales. Por lo que la biodiversidad global sufrirán un duro golpe.
En las latitudes tropicales se encuentran muchos de los países con ingresos más bajos, que probablemente deberán luchar para adaptarse al nuevo y extremado clima. El estudio concluyendo diciendo que "Esto sugiere que cualquier avance para reducir el ritmo del cambio climático en curso requerirá un mayor compromiso por parte de los países desarrollados para reducir sus emisiones, pero también requerirá una financiación más amplia de programas sociales y de conservación en los países en desarrollo, para reducir al mínimo el impacto del cambio climático".
Una cuestión interesante, sobre todo para los políticos, es saber si las fechas de 2047 y 2069 son seguras. Después de todo, esas fechas se obtienen con los datos de solo 145 años, los que van desde 1860 hasta 2005. Según Mora, la incertidumbre de los cálculos para el 2047 es de más/menos tres años y para el 2069 de aproximadamente cuatro años. Para una mayor rigurosidad, el equipo investigador hizo el mismo análisis empleando los últimos 1.000 años de temperaturas globales y encontró que cada una de las dos fechas aumentaba solo dos años. La razón, según Mora, es que en 145 años "hay los suficientes puntos extremos para producir una curva fiable a largo plazo".


Año en que la temperatura media del mar superará a la mayor temperatura media de los años 1860-2005

By the year 2047 the mean air temperature around the planet will shift completely out of the range seen in recent history. From that point on, even a cold year will be warmer than any warm year from 1860 to 2005 if nations continue to emit carbon dioxide the way they do now. And the new extreme temperatures—the new normal—will first occur not in the Arctic but in the tropics, where people, plants and wildlife are least equipped to adapt. That disquieting analysis comes from a massive new study led by Camilo Mora at the University of Hawaii at Mānoa, recently published in Nature.
The report begins with the recognition that the annual mean global air temperature fluctuates from year to year, even though it has been climbing overall since the industrial revolution began. If the world does nothing new, then the temperature by 2047 will exceed even the highest annual temperature from 1860 to 2005. If the world aggressively cuts back on emissions, then the date will be delayed until 2069. Mora and his colleagues crunched data from 39 different climate models that feed two future scenarios: business as usual (leading to the 2049 date) and aggressive mitigation (the 2069 date). The same two scenarios are cornerstones of the new climate assessment released recently by the International Panel on Climate Change.
Mora’s team also ran the exercise for six other variables: sea-surface water temperature, evaporation, heat flux, ocean pH, precipitation and transpiration (moisture emitted by plants). They then generated a map for each variable showing when the date of departure occurs for all places around the world.
The surprising revelation is that “the earliest and most extreme effects will happen in the tropics,” Mora says, and not in the Arctic, where so much concern is focused. That’s because the natural variation in air and ocean temperatures and other climate-related variables in the tropics is very small, so only relatively minor changes will push these conditions out of bounds. As a result, Mora says, tropical plants and animals will be stressed the most, because species accustomed to living within such narrow fluctuations will not be able to adapt quickly enough to such unprecedented and rapid climate changes. More of the world’s species live in the tropics than anywhere else, so global biodiversity will be hit hard.
Many of the world’s low-income nations are also located at tropical latitudes, and they are likely to struggle to adapt to the new extreme climate. As the paper concludes: “This suggests that any progress to decrease the rate of ongoing climate change will require a bigger commitment from developed countries to decrease their emissions but will also require more extensive funding of social and conservation programs in developing countries to minimize the impacts of climate change.”
One question for policy makers is whether the years 2047 and 2069 are firm transition points. After all, those departure dates are compared with only a 145-year period, from 1860 to 2005. Mora says the uncertainty of the calculations for 2047 is plus or minus three years and for 2069 is about four years. To add further rigor Mora’s team ran the same analysis against the last 1,000 years of global temperatures and found that each of the two temperature departure dates only increases by two years. The reason, Mora says, is that in 145 years “you pick up enough extremes to give a reliable long-term curve.”

Tomado de/Taken from Scientific American

Resumen de la publicación/Abstract of the paper
The projected timing of climate departure from recent variability
Camilo Mora, Abby G. Frazie, Ryan J. Longman, Rachel S. Dacks, Maya M. Walton, Eric J. Tong, Joseph J. Sanchez, Lauren R. Kaiser, Yuko O. Stender, James M. Anderson, Christine M. Ambrosino, Iria Fernandez-Silva, Louise M. Giuseffi and Thomas W. Giambelluca
Nature, 502, 183–187 (10 October 2013) doi:10.1038/nature12540
Abstract
Ecological and societal disruptions by modern climate change are critically determined by the time frame over which climates shift beyond historical analogues. Here we present a new index of the year when the projected mean climate of a given location moves to a state continuously outside the bounds of historical variability under alternative greenhouse gas emissions scenarios. Using 1860 to 2005 as the historical period, this index has a global mean of 2069 (±18 years s.d.) for near-surface air temperature under an emissions stabilization scenario and 2047 (±14 years s.d.) under a ‘business-as-usual’ scenario. Unprecedented climates will occur earliest in the tropics and among low-income countries, highlighting the vulnerability of global biodiversity and the limited governmental capacity to respond to the impacts of climate change. Our findings shed light on the urgency of mitigating greenhouse gas emissions if climates potentially harmful to biodiversity and society are to be prevented.

domingo, 17 de marzo de 2013

Los contaminantes amenazan la salud en el Artico/Pollutants threaten health in the Artic


Las personas que viven en las zonas árticas pueden ser más sensibles a los contaminantes debido a su genética, según Arja Rautio investigador del Centro de Medicina del Ártico en la Universidad de Oulu, Finlandia. Esto es lamentable, ya que las zonas más septentrionales de Europa están expuestas a los productos químicos más peligrosos. Los científicos creen que el cambio climático puede ser una de los culpables ya que los movimientos de las masas de aire y agua empujan algunos de estos indeseables productos químicos hacia el Ártico. "En la vida real, la gente está expuesta a un montón de productos químicos", dice Rautio, que estudia los efectos de los contaminantes en la salud humana y la influencia del cambio climático, dentro del proyecto ArcRisk financiado por la UE ", y creo que la gente del norte está expuesta en general a niveles más altos que la población europea".
Muchos nuevos contaminantes como los compuestos fluorados y bromados y bisfenol A pueden actuar sobre las hormonas y tienen por tanto impacto sobre la salud humana. Pero el ver este efecto en los seres humanos, a nivel de población, podría tomar diez o incluso 20 años, especialmente en el caso del cáncer. Por esto, ArcRisk ha recopilado una base de datos sobre niveles de concentración y tendencias de los contaminantes en los seres humanos. El equipo investigador analizó bifenilos policlorados (PCB), pesticidas clorados y difeniléteres polibromados (PBDE) en muestras congeladas de sangre recogidas en Noruega en 1978, 1986, 1995 y 2008.
El principal reto que enfrentan los científicos del proyecto es diferenciar los efectos de los productos contaminantes de lo que hacemos en nuestra vida cotidiana. "Sabemos que las dioxinas pueden llevar a más diabetes y presión arterial alta", dice Rautio, "pero hay muchos otros factores implicados. Estamos cambiando nuestra dieta y muchos de nosotros somos menos activos y este estilo de vida también puede aumentar el riesgo de enfermedades como la diabetes. "Los resultados del proyecto se presentarán en enero 2014, en una conferencia sobre Fronteras del Ártico en Tromsø, Noruega.
Los problemas de salud provocados por estas sustancias químicas podrían ser peores de lo previsto. Algunos de los contaminantes encontrados en el Ártico por los científicos del proyecto, tales como los compuestos fluorados, tienen mayor afinidad por los receptores hormonales quelas mismas hormonas naturales.Los estudios en animales muestran tendencias preocupantes y no presagian nada bueno para los seres humanos. Según Geir Wing Gabrielsen, científico medioambiental del Instituto Polar Noruego que no forma parte del proyecto ArcRisk: "Cuando vemos estos resultados en animales del Ártico, nos preocupa mucho lo que vamos a encontrar en lo que respecta a los humanos". Señala además que grandes masas de aire caliente están siendo transportados al Ártico y que las corrientes marinas alrededor de lugares como las islas Svalbard [a medio camino entre Noruega y el Polo Norte] contienen aguas atlánticas más cálidas, cuando antes eran aguas polares.
Rautio concluye en que es necesario clarificar estos efectos, para que la gente y no sólo en aquellos que viven en las remotas zonas del norte, pueda tomar decisiones sobre sus propias vidas, qué comer o cómo evitar la exposición a estos peligros.

People living in Arctic areas can be more sensitive to pollutants due to their genetics, says researcher Arja Rautio at the Centre for Arctic Medicine in the University of Oulu, Finland. This is unfortunate since the northernmost areas of Europe are receiving more harmful chemicals. Scientists believe climate change may be a culprit as air and water mass movements push some of these undesirable chemicals towards the Arctic. “In real life, people are exposed to lots of chemicals,” says Rautio, who leads studies into the human health effects from contaminants and the influence of climate change in a EU-funded project called ArcRisk, “and I think the people of the north are exposed to higher levels than for example the general population in Europe.”
Many new contaminants like fluorinated and brominated compounds and bisphenol A can act on hormones and so have impacts on human health. But seeing an effect on humans, at the population level, could take ten or even 20 years, especially in the case of cancer, she adds. This is why ArcRisk has established a database containing data on concentration levels and trends of contaminants in humans. The project team analysed frozen blood samples collected in Norway in 1978, 1986, 1995 and 2008 for polychlorinated biphenyls (PCBs), chlorinated pesticides and polybrominated diphenylethers (PBDEs).
The main challenge that project scientists struggle with is to disentangle the effects of contaminant chemicals from what we do in our everyday lives. “We know that dioxins can lead to more diabetes and high blood pressure,” says Rautio, “but there are many other confounding factors. We are changing our diet and many of us are less active and those lifestyle choices can also increase the risk of diseases like diabetes.” The results of the project are due to be presented at a conference of Arctic Frontiers in Tromsø, Norway, in January 2014

Health problems induced by these chemicals could be worse than anticipated. Some of the pollutants found in the Arctic by the project scientists like the fluorinated compounds have higher affinities for hormone receptors than even the natural hormones.Animal studies already show worrying trends that do not bode well for humans. “When we see these findings in Arctic animals I am very concerned about what we will find with regards to humans” says Geir Wing Gabrielsen, an environmental scientist at the Norwegian Polar Institute, who is not part of ArcRisk. He notes that long periods of warm air are being transported to the Arctic and that the sea currents around places like the Svalbard islands [located midway between Norway and the North Pole] now consist of warmer Atlantic water; they used to consist of polar waters.
Rautio concludes that there is a need to clarify the effects so that people—not only in those living in the remote northern areas— can make decisions about their own lives, what to eat, how to avoid exposure to harm.

Tomado de/Taken from Youris.com

jueves, 23 de agosto de 2012

Record de superficie mínima de hielo en el Artico/Artic Sea ice extent low record


La superficie de hielo derretida en el Ártico durante las dos primeras semanas de agosto, está por debajo de los niveles más bajos alcanzados en 2007. Este descenso coincidió con una intensa tormenta originada sobre el Océano Ártico central, pero no está claro si es la causa de este rápido deshielo.

El 13 de agosto de 2012, el hielo ártico tenía una extensión de 5,09 millones de kilómetros cuadrados, es decir 2,69 millones de kilómetros cuadrados por debajo de la media de los años 1979-2000, y 483.000 millones menos que el record de 2007, el más bajo conocido. Este descenso se debe a la gran abertura al Atlántico del Mar de Beauford y, a causea de la rápida pérdida de hielo de las pasadas dos semanas, al Mar Siberiano Oriental. Solo en la costa nororiental de Groenlandia, la situación es normal. El hielo cercano a la costa en Siberia oriental sigue bloqueando el paso en la ruta del Mar del Norte y la entrada occidental al Paso del Noroeste, por el estrecho de McClure, sigue cerrada.

La pérdida de hielo desde junio ha sido muy rápida a razón de 100.000 kilómetros cuadrados diarios. Sin embargo, la velocidad se dobló durante unos días a primeros de agosto, debido a un ciclón ártico. Al contrario que en el verano de 2007, cuando había altas presiones en el Océano Ártico central y bajas presiones en la costa norte euroasiática, el verano de 2012 se ha caracterizado por tener condiciones climáticas cambiantes. Las temperaturas del aire a altitudes de 925 hPa (cerca de 1.000 m sobre el nivel del agua) han sido entre 1 y 3 grados Celsius mayores que la media de 1981 a 2012 en el centro de Groenlandia, norte de Canadá y la parte norte de Alaska hacia el Océano Ártico. Temperaturas por debajo de lo normal (entre 1 y 2 grados Celsius) se observaron en una pequeña región de Siberia oriental cerca del Mara Siberiano oriental, lo que ayuda a explicar la persistencia de bajos niveles de hielo en esta región a primeros de agosto.

Véase también el post anterior



Arctic sea ice extent during the first two weeks of August continued to track below 2007 record low daily ice extents. Sea ice extent dropped rapidly between August 4 and August 8. While this drop coincided with an intense storm over the central Arctic Ocean, it is unclear if the storm prompted the rapid ice loss.

Arctic sea ice extent on August 13 was 5.09 million square kilometers (1.97 million square miles). This is 2.69 million square kilometers (1.04 million square miles) below the 1979 to 2000 average extent for the date, and is 483,000 square kilometers (186,000 square miles) below the previous record low for the date, which occurred in 2007. Low extent for the Arctic as a whole is driven by extensive open water on the Atlantic side of the Arctic, the Beaufort Sea, and—due to rapid ice loss over the past two weeks—the East Siberian Sea. Ice is near its normal (1979 to 2000) extent only off the northeastern Greenland coast. Ice near the coast in eastern Siberia continues to block sections of the Northern Sea Route. The western entrance to the Northwest Passage via McClure Strait remains blocked.

The average pace of ice loss since late June has been rapid at just over 100,000 square kilometers (38,000 square miles) per day. However, this pace nearly doubled for a few days in early August during a major Arctic cyclonic storm. Unlike the summer of 2007 when a persistent pattern of high pressure was present over the central Arctic Ocean and a pattern of low pressure was over the northern Eurasian coast, the summer of 2012 has been characterized by variable conditions. Air tempertures at the 925 hPa level (about 3000 feet above the ocean surface) of 1 to 3 degrees Celsius (1.8 to 5.4 degrees Fahrenheit) above the 1981 to 2012 average have been the rule from central Greenland, northern Canada, and Alaska northward into the central Arctic Ocean. Cooler than average conditions (1 to 2 degrees Celsius or 1.8 to 3.6 degrees Fahrenheit) were observed in a small region of eastern Siberia extending into the East Siberian Sea, helping explain the persistence of low concentration ice in this region through early August.

See also the previous post

Tomado de/Taken from National Snow and Ice Data Center

domingo, 29 de julio de 2012

Deshielo sin precedentes de la capa de hielo superficial de Groenlandia/Unprecedented Greenland Ice Sheet Surface Melt

Las mediciones de tres satélites indicaron que el 8 de julio, alrededor del 40 por ciento de la capa superficial de hielo de Groenlandia se había descongelado. En pocos días, la fusión se había acelerado de forma espectacular y el 12 de julio, se calcula que cerca del 97 por ciento de la superficie de la capa de hielo de la isla, desde sus delgados bordes costeros hasta su centro de dos kilómetros de espesor, había experimentado cierto grado de fusión.
Cada verano, una media de cerca de la mitad de la superficie de la capa de hielo de Groenlandia se derrite de forma natural. En las zonas altas, la mayor parte de esa agua de deshielo rápido se vuelve a congelar en su lugar, mientras que cerca de la costa, parte del agua de fusión queda retenida por la capa de hielo, mientras que el resto se pierde en el océano. Sin embargo, este año el grado de fusión del hielo en la superficie o cerca de ella, ha aumentado notablemente.
Los investigadores aún no han determinado si este evento extensa fusión afectará el volumen global de pérdida de hielo este verano y contribuir a la elevación del nivel del mar. Según Tom Wagner, director del programa la NASA para la Criosfera, "la capa de hielo de Groenlandia es una extensa zona con una variada historia de cambio. Este evento, junto con otros fenómenos naturales poco frecuentes, como la ruptura en el glaciar Petermann de la semana pasada, son parte de una compleja historia.../...Las observaciones por satélite nos están ayudando a entender cómo estos eventos se relacionan entre sí y con los del sistema climático global."
El evento fue descubierto por Son Nghiem, del Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena, California, al analizar datos de radar del satélite Oceansat-2 de la Indian Space Research Organisation (ISRO). Según Nghiem dijo: "Esto era tan extraordinario que en un primer momento me cuestioné el resultado: ¿esto es real o se debe a un error de los datos?". Sin embargo el fenómeno fue confirmado por Dorothy Hall del Centro Goddard de Vuelo Espacial en Greenbelt, Maryland, que estudia la temperatura superficial de Groenlandia con la Espectrómetro de Imágenes de Resolución Moderada (MODIS) a bordo de los sateélites Terra y Aqua de la NASA. Se confirmó que MODIS detectaba temperaturas inusualmente altas y que había un extenso deshielo sobre la superficie de la capa de hielo. Thomas Mote, climatólogo de la Universidad de Georgia, Athens, Georgia, y Marco Tedesco, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York también confirmaron la fusión con el Oceansat-2 y con los datos de MODIS de un satélite meteorológico de la fuerza aérea de los EEUU.
Esta extrema fusión ha coincidido con una capa o cresta inusualmente fuerte de aire caliente, o cúpula de calor, situada sobre Groenlandia, parte de una serie de ellos que ha dominado el clima de la isla desde fines de mayo. "Cada cresta sucesiva ha sido más fuerte que la anterior", dijo Mota. La última cúpula de calor comenzó a moverse sobre Groenlandia el 8 de julio, y luego se estacionado sobre la capa de hielo durante tres días. El 16 de julio, había comenzado a disiparse.
Incluso el área alrededor de Summit Station en el centro de Groenlandia, a 2 kilómetros sobre el nivel del mar y cerca del punto más alto de la capa de hielo, mostró signos de fusión. Esto no se había producido desde 1889, de acuerdo con los cores de hielo analizados por Kaitlin Keegan en el Dartmouth College en Hanover, NH. La estación meteorológica de Summit Station confirmó que las temperaturas estuvieron en el punto de congelación o un intervalo de un grado, durante varias horas del 11 al 12 julio.
Según Lora Koenig, miembro del equipo investigador que está estudiando los datos obtenidos por satélite "los cores de hielo de Summit Station muestran que este tipo de eventos de fusión extrema ocurren aproximadamente una vez cada 150 años en promedio. Como el último sucedió en1889, este evento está en línea, pero si seguimos observando acontecimientos de fusión de este tipo en los próximos años, será preocupante".
La imagen de arriba muesta la superficie derretida sobre la capa de hielo de Groenlandia el 8 de julio (izquierda) y 12 de julio (derecha). Las zonas rosa claro son de "fusión probable" y las de color rosa oscura son de “fusión”.
Measurements from three satellites showed that on July 8, about 40 percent of the ice sheet had undergone thawing at or near the surface. In just a few days, the melting had dramatically accelerated and an estimated 97 percent of the ice sheet surface, from its thin, low-lying coastal edges to its two-mile-thick center, experienced some degree of melting at its surface by July 12.
On average in the summer, about half of the surface of Greenland's ice sheet naturally melts. At high elevations, most of that melt water quickly refreezes in place, while near the coast, some of the melt water is retained by the ice sheet and the rest is lost to the ocean. But this year, the extent of ice melting at or near the surface has jumped dramatically.
Researchers have not yet determined whether this extensive melt event will affect the overall volume of ice loss this summer and contribute to sea level rise."The Greenland ice sheet is a vast area with a varied history of change. This event, combined with other natural but uncommon phenomena, such as the large calving event last week on Petermann Glacier, are part of a complex story," said Tom Wagner, NASA's cryosphere program manager in Washington. "Satellite observations are helping us understand how events like these may relate to one another as well as to the broader climate system."
The event was discovered by Son Nghiem of NASA's Jet Propulsion Laboratory in Pasadena, Calif.,while analyzing radar data from the Indian Space Research Organisation's (ISRO). "This was so extraordinary that at first I questioned the result: was this real or was it due to a data error?" Nghiem said. However, the event was confirmed by Dorothy Hall at NASA's Goddard Space Flight Center in Greenbelt, Md. Hall studies the surface temperature of Greenland using the Moderate-resolution Imaging Spectroradiometer (MODIS) on NASA's Terra and Aqua satellites, and she confirmed that MODIS showed unusually high temperatures and that melt was extensive over the ice sheet surface. Thomas Mote, a climatologist at the University of Georgia, Athens, Ga; and Marco Tedesco of City University of New York also confirmed the melt seen by Oceansat-2 and MODIS with satellite data from a U.S. Air Force meteorological satellite.
This extreme melt event coincided with an unusually strong ridge of warm air, or a heat dome, over Greenland. The ridge was one of a series that has dominated Greenland's weather since the end of May. "Each successive ridge has been stronger than the previous one," said Mote. This latest heat dome started to move over Greenland on July 8, and then parked itself over the ice sheet about three days later. By July 16, it had begun to dissipate. Even the area around Summit Station in central Greenland, which at 2 miles above sea level is near the highest point of the ice sheet, showed signs of melting. Such pronounced melting at Summit and across the ice sheet has not occurred since 1889, according to ice cores analyzed by Kaitlin Keegan at Dartmouth College in Hanover, N.H. The weather station at Summit confirmed air temperatures hovered above or within a degree of freezing for several hours July 11-12.
According to Lora Koenig, member of the research team analyzing the satellite data, "ice cores from Summit show that melting events of this type occur about once every 150 years on average. With the last one happening in 1889, this event is right on time, but if we continue to observe melting events like this in upcoming years, it will be worrisome."
The opening image shows the extent of surface melt over Greenland’s ice sheet on July 8 (left) and July 12 (right). Light pink areas are "probable fusion" and the dark pink are "fusion" ones.


Tomado de /Taken from NASA