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viernes, 19 de diciembre de 2014

Glaciares y frutos mueren en Perú sin respuesta de la COP 20


Pie de foto: Cayetano Huanca, quien vive cerca del glaciar de Ausangate, en el departamento de Cusco, en los Andes de Perú. En pocos años, ese nevado podría extinguirse, como ya ha sucedido con otros en el país. Crédito: Oxfam.

Fuente: IPS Agencia de Noticias:
http://www.ipsnoticias.net/2014/12/glaciares-y-frutos-mueren-en-peru-sin-respuesta-de-la-cop-20/

LIMA, 12 dic 2014 (IPS) - Los nevados agonizan en Perú, que concentra 70 por ciento de los glaciares tropicales en el mundo, y los agricultores de esos ecosistemas viven peripecias para adaptarse al alza de la temperatura, mientras en Lima gobiernos de 195 países cierran las negociaciones climáticas sin atender esta realidad cercana.
A unos 100 kilómetros de un nevado que se resiste a morir, el Salkantay, en el departamento de Cusco, hay un monumento  al cultivo de la granadilla, un fruto del que dependen centenares de pobladores de la zona, y que en 20 años, según las proyecciones, no se podrá sembrar más.
El monumento ubicado en la plaza del municipio de Santa Teresa, una localidad cercana a Machu Picchu, perenniza la producción de este cultivo: una mujer recoge los frutos, un campesino carga en sus espaldas la siembra en un costal, otro corta la maleza mientras un agricultor acompañado por un perro remueve la tierra.
Esa escena congelada es rutinaria en Santa Teresa, donde  la granadilla (Passiflora ligularis) se produce entre los 2.000 y 2.800 metros sobre el nivel del mar. Pero se proyecta que el cultivo deberá desplazarse hasta los 3.000 metros por el incremento de la temperatura. Al llegar a ese punto, no podrá sembrase más granadilla.
“El impacto en esta zona es fuerte porque los pobladores viven de esta producción”, contó a IPS la ingeniera ambiental Karim Quevedo, quien ha recorrido la microcuenca Santa Teresa como responsable de la Dirección de Agrometeorología del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología de Perú (Senhami).
Esta microcuenca es una de las zonas estudiadas por Senhami como parte de un proyecto de adaptación de las poblaciones locales por el impacto del retroceso de glaciares. En Santa Teresa, el glaciar que agoniza a su lado es el Salkantay, que en quechua significa montaña salvaje.
El Salkantay, que es el corazón viejo e indomable de la cordillera de Vilcabamba,  abastece de agua dulce a los ríos  de la zona. Pero en los últimos  40 años ha perdido 63,6 por ciento de su superficie glaciar, equivalente a unos 22 kilómetros cuadrados según la gubernamental Autoridad Nacional del Agua (ANA).
“Es importante medir de qué manera afecta este retroceso glaciar a los pobladores para saber cómo pueden adaptarse, ya que la pérdida de estos nevados es irreversible”, explicó a IPS el responsable del Área de Cambio Climático de la ANA, Fernando Chiock.
Tanto Chiock como Quevedo aseguran que es crucial que se considere la afectación directa a los pobladores locales y se prioricen los fondos destinados a mitigar estos impactos, durante el cierre de la 20 Conferencia de las Partes (COP 20), a cuya fase final concurrieron gobernantes y altos representantes de los 195 países.


Pie de foto: Monumento al cultivo de la granadilla en el pueblo de Santa Teresa, que sus pobladores no podrán producir en 20 años más, por la elevación de las temperaturas en esta zona montañosa de Cusco, en los Andes de Perú. Crédito: Cortesía de Karim Quevedo.

La COP 20 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) debe concluir este viernes 12 o el sábado 13 si, como se anticipa, las negociaciones se prolongan, después de dar inicio el 1 de este mes.
“Está pendiente ver cómo aterrizar lo que se acuerde en esta cumbre del clima con lo que sucede en estas localidades. Uno de los desafíos es conectar los grandes acuerdos”, agregó Quevedo a IPS en el espacio de Voces por el Clima de la COP, a pocos metros de las negociaciones en el recinto militar de El Pentagonito.
El panorama es preocupante según los expertos. Desde los años 70 hasta la actualidad, la superficie glaciar de los 2.679 glaciares que existen en los Andes de Perú, ha retrocedido en más de 40 por ciento, apuntó Chiok.
De más de 2.000 kilómetros cuadrados de superficie glaciar en los años 70 se pasó a unos 1.300 kilómetros.
La situación de emergencia ya provocó la muerte de nevados, como el de Broggi que formaba parte de la Cordillera Blanca, la cadena montañosa tropical con mayor densidad de glaciares del mundo y que como la Vilcabamba integra los Andes peruanos.
Hace unos 50 años, el retroceso glaciar del Broggi era de dos metros por año pero en los 80 y 90 trepó a los 20 metros anuales.
En 2005, este nevado se dejó de monitorear, porque su superficie glaciar, que equivale a los signos de vida de un ser humano, desapareció por completo.
En la actualidad, el retroceso glaciar oscila entre nueve y 20 metros al año, según la ANA. Paralelamente, se han formado unas 900 lagunas nuevas con el agua de la desglaciación, relató Chiock.
En lo inmediato la aparición de nuevas lagunas puede parecer una buena noticia para los pobladores locales, pero según el experto de la ANA debe considerarse el adecuado manejo de estas fuentes de agua para no generar falsas expectativas en las comunidades y poder manejar los riesgos de estas lagunas por la ruptura de los diques.
Chiok explicó que actualmente existen 35 lagunas con obras de seguridad por el riesgo que hay en ellas.
En el campo, se ha instalado la incertidumbre. Lagunas que aparecen, glaciares que mueren. Granizadas que caen sobre los cultivos de maíz. Lluvias indecisas y furibundas que afectan los sembríos de papa, el sol incandescente que pudre los frutos, los insectos que aparecen como burbujas de una olla hirviendo.
“La variabilidad climática de las localidades se ha alterado. No se puede generalizar qué pasa, cada pueblo enfrenta su propio problema. Pero lo que sí es innegable son estos cambios del clima”, detalló Quevedo a IPS.
En este escenario, hay cultivos más afectados que otros. Con las temperaturas altas, los cultivos de papa deben trasladarse a mayor altura porque necesitan de las noches de frío para su producción. En algunas zonas, el sembrío de café con un sol furioso puede ser positivo, pero en otros no tanto porque también necesita sombra.
El clima influye en 61 por ciento en la producción de los cultivos, según la Organización Meteorológica Mundial.
“Estos eventos del clima menores son los que más daño causan a la población, y son los más invisibles ante la comunidad internacional”, dijo a IPS el director del Centro del Clima de la Cruz Roja Internacional, Maarten Van Aalts, quien participó en las actividades de la COP 20.
A su juicio, no tiene que desatarse un huracán que se lleve todo de golpe, como sucedió en Haití en enero de 2010, para que los gobiernos que participan en las negociaciones climáticas reaccionen. Pero se han derretido las esperanzas de que lo hagan antes de que la COP 20 eche el cierre aquí, en Lima.

sábado, 12 de abril de 2014

Las probabilidades de un calentamiento global natural son casi nulas/The odds of a natural global warming are almost null

Variación media de la temperatura en función de la concentración de CO2/Mean temperature variation as a function of CO2 concentration (Taken from Scaling fluctuation analysis and statistical hypothesis testing of anthropogenic warming)

El análisis estadístico descarta la hipótesis de un calentamiento natural con más de un 99 % de certeza.
Un análisis de los datos de temperatura registrados desde 1500, descarta prácticamente la posibilidad de que el calentamiento global producido en la era industrial sea sólo una fluctuación natural del clima de la tierra, de acuerdo con un nuevo estudio realizado por Shaun Lovejoy, profesor de Física en la Universidad McGill (California, E.E.U.U.)
El estudio, publicado en línea el 6 de abril en la revista Climate Dynamics, utiliza un nuevo enfoque para estudiar si el calentamiento global en la era industrial, se debe a las emisiones originadas por la quema de combustibles fósiles a gran escala. En lugar de utilizar complicados modelos informáticos para estimar los efectos de las emisiones de gases de efecto invernadero, Lovejoy examina los datos históricos para comparar la otra posible hipótesis: que el calentamiento registrado en el último siglo se deba a variaciones naturales a largo plazo de la temperatura.
Según Lovejoy "este estudio será un duro golpe para los que aún niegan el cambio climático. El estudio emplea métodos estadísticos para determinar la probabilidad de que el calentamiento global desde 1880 se debe a una variabilidad natural. La conclusión es que dicha hipótesis - calentamiento natural- puede ser descartada con un nivel de confianza superior al 99%, y puede que superior incluso al 99,9 % . "
Para evaluar la variabilidad natural antes de la interferencia humana, el estudio utiliza las "reconstrucciones multi- proxy de clima ", desarrolladas por los científicos en los últimos años para estimar temperaturas históricas, así como técnicas de análisis de fluctuación tomadas de la geofísica no lineal. Las reconstrucciones climáticas tienen en cuenta una serie de indicadores que se encuentran en la naturaleza, como son los anillos de árboles, testigos tomados en el hielo y sedimentos lacustres. Las técnicas de análisis de fluctuaciones permiten comprender las variaciones de temperatura a lo largo de escalas de tiempo más grandes.
Para la era industrial, Lovejoy utiliza el dióxido de carbono, procedente de la quema de combustibles fósiles, como único indicador de los efectos humanos sobre el clima, una simplificación justificada por la estrecha relación entre la actividad económica global y la emisión de gases de efecto invernadero y la contaminación por partículas, y añade: "esto permite que el nuevo enfoque incluya implícitamente el efecto de enfriamiento causado por las partículas de polvo contaminante, que todavía están mal cuantificadas en los modelos de ordenador " .
Aunque el estudio no utiliza los grandes modelos informáticos de uso común por los científicos para estimar la magnitud del futuro cambio climático, las conclusiones de Lovejoy complementan las del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Lovejoy predice, con una confianza del 95 %, que una duplicación de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera produciría un calentamiento de entre 2,5 y 4,2 grados Celsius. Dicho rango es más preciso- aunque está en línea con él, que el predicho por el IPCC que indica que las temperaturas subirían entre 1,5 y 4,5 grados centígrados si las concentraciones de dióxido de carbono se duplicaran.
"Hemos tenido una fluctuación de la temperatura media, simplemente enorme desde 1880, del orden de 0,9 grados Celsius ", dice Lovejoy . "Este estudio demuestra que las probabilidades de que eso se deba a fluctuaciones naturales, son inferiores al uno por ciento. Y puede que al uno por mil"
 "Aunque el rechazo estadístico de una hipótesis, no puede ser utilizada para concluir la certeza de cualquier alternativa específica, en muchos casos - incluido éste - el rechazo de una aumenta en gran medida la credibilidad de la otra"

Statistical analysis rules out natural-warming hypothesis with more than 99% certainty
An analysis of temperature data since 1500 all but rules out the possibility that global warming in the industrial era is just a natural fluctuation in the earth’s climate, according to a new study by McGill University physics professor Shaun Lovejoy.
The study, published online April 6 in the journal Climate Dynamics, represents a new approach to the question of whether global warming in the industrial era has been caused largely by man-made emissions from the burning of fossil fuels. Rather than using complex computer models to estimate the effects of greenhouse-gas emissions, Lovejoy examines historical data to assess the competing hypothesis: that warming over the past century is due to natural long-term variations in temperature.
“This study will be a blow to any remaining climate-change deniers,” Lovejoy says. Lovejoy’s study applies statistical methodology to determine the probability that global warming since 1880 is due to natural variability. His conclusion: the natural-warming hypothesis may be ruled out “with confidence levels great than 99%, and most likely greater than 99.9%.”
To assess the natural variability before much human interference, the new study uses “multi-proxy climate reconstructions” developed by scientists in recent years to estimate historical temperatures, as well as fluctuation-analysis techniques from nonlinear geophysics. The climate reconstructions take into account a variety of gauges found in nature, such as tree rings, ice cores, and lake sediments. And the fluctuation-analysis techniques make it possible to understand the temperature variations over wide ranges of time scales.
For the industrial era, Lovejoy’s analysis uses carbon-dioxide from the burning of fossil fuels as a proxy for all man-made climate influences – a simplification justified by the tight relationship between global economic activity and the emission of greenhouse gases and particulate pollution, he says. “This allows the new approach to implicitly include the cooling effects of particulate pollution that are still poorly quantified in computer models,” he adds.
While his new study makes no use of the huge computer models commonly used by scientists to estimate the magnitude of future climate change, Lovejoy’s findings effectively complement those of the International Panel on Climate Change (IPCC), he says. His study predicts, with 95% confidence, that a doubling of carbon-dioxide levels in the atmosphere would cause the climate to warm by between 2.5 and 4.2 degrees Celsius. That range is more precise than – but in line with -- the IPCC’s prediction that temperatures would rise by 1.5 to 4.5 degrees Celsius if CO2 concentrations double.
“We’ve had a fluctuation in average temperature that’s just huge since 1880 – on the order of about 0.9 degrees Celsius,” Lovejoy says. “This study shows that the odds of that being caused by natural fluctuations are less than one in a hundred and are likely to be less than one in a thousand.
“While the statistical rejection of a hypothesis can’t generally be used to conclude the truth of any specific alternative, in many cases – including this one – the rejection of one greatly enhances the credibility of the other.”


Tomado de/Taken from McGill University

Resumen del artículo/Abstract of the paper
Scaling fluctuation analysis and statistical hypothesis testing of anthropogenic warming
S. Lovejoy
Climate Dynamics, April 2014. DOI: 10.1007/s00382-014-2128-2
Abastract
Although current global warming may have a large anthropogenic component, its quantification relies primarily on complex General Circulation Models (GCM’s) assumptions and codes; it is desirable to complement this with empirically based methodologies. Previous attempts to use the recent climate record have concentrated on “fingerprinting” or otherwise comparing the record with GCM outputs. By using CO2 radiative forcings as a linear surrogate for all anthropogenic effects we estimate the total anthropogenic warming and (effective) climate sensitivity finding: ΔT anth = 0.87 ± 0.11 K, λ2xCO2,eff=3.08±0.58K . These are close the IPPC AR5 values ΔT anth = 0.85 ± 0.20 K and λ2xCO2=1.5−4.5K (equilibrium) climate sensitivity and are independent of GCM models, radiative transfer calculations and emission histories. We statistically formulate the hypothesis of warming through natural variability by using centennial scale probabilities of natural fluctuations estimated using scaling, fluctuation analysis on multiproxy data. We take into account two nonclassical statistical features—long range statistical dependencies and “fat tailed” probability distributions (both of which greatly amplify the probability of extremes). Even in the most unfavourable cases, we may reject the natural variability hypothesis at confidence levels >99 %.

domingo, 16 de marzo de 2014

Cooperativas eléctricas: una alternativa energética para tu hogar


Los ciudadanos han visto incrementar sus recibos de la luz hasta un 80% desde el inicio de la crisis, sin embargo, no saben qué es lo que están pagando exactamente. Intentar entender los conceptos que graban la factura de la luz es un auténtico trabajo de investigación.
Sin ánimos de hacer un análisis económico, sí se debe saber que casi la mitad de lo que se paga en la factura de la luz son los llamados “peajes de acceso”, una serie de costes que se han incrementado mucho en los últimos años, que no tienen nada que ver con el coste de producir la electricidad y que se pueden poner en tela de juicio.
En España, 5 grandes compañías eléctricas mueven cerca del 85% de la producción eléctrica y alrededor del 90% de su comercialización. Son tan grandes que expulsan a toda competencia, convirtiéndose en auténticos oligopolios. Lo que significa que se pueden poner de acuerdo para pactar los precios de la electricidad que todos consumimos en nuestros hogares.
Ante el descontento de muchos ciudadanos con este sistema confuso y poco transparente, ha surgido una alternativa para obtener electricidad limpia y procedente de energías renovables: las cooperativas eléctricas.
El objetivo principal de estas cooperativas es generar toda la energía que los socios demanden y comercializarla, garantizando al consumidor el control absoluto de la energía demandada, un precio justo por kilowatio y la gestión de su factura eléctrica.
La electricidad que comercializan es 100% verde, procedente de fuentes renovables como el sol, el viento, el agua, el calor geotérmico, las olas, las mareas o la biomasa.
Su valor añadido es que al ser una cooperativa, los socios forman parte de la empresa, con lo que apuestan no sólo por las energías renovables si no por un modelo energético compartido con los ciudadanos, abierto y participativo.
De ahí que estas cooperativas hayan visto incrementar su número de socios de manera exponencial en los últimos dos años. La catalana Som Energia ha multiplicado su número de socios desde septiembre de 2012, pasando de 4.000 a 12.700 socios. Del mismo modo, la vasca GoiEner ha superado los 1.200 socios en apenas un año, mientras que la andaluza Zencer, la última que han empezado a operar en España, ronda los 500 socios.
No obstante, las cooperativas energéticas no son algo nuevo, en Europa existen más de 2.000, la gran mayoría de ellas repartidas en Alemania y Dinamarca y su origen se remonta a principios del siglo pasado.
¿Cómo se contrata esta energía verde?
Imaginemos que usted tiene su casa en Barcelona y quiere pasarse a una cooperativa eléctrica, deberá seguir unos pasos muy sencillos.
Simplemente debe darse de alta como socio a través de la página web de la cooperativa que usted elija y abonar  unos 100 euros, que son reembolsables si se da de baja. Rellena el contrato de suministro y adjunta el último recibo de la luz. Ya está. Simplemente eso. No debe cambiar la instalación ni hacer nada más.
¿Convencido?
 
 

sábado, 3 de agosto de 2013

La realidad del Calentamiento Global/The reality of Global Warming



Tomado directamente de la NASA:
¿Cómo ha cambiado la temperatura de la superficie de la Tierra? Para verlo,  los científicos han recopilado las temperaturas registradas desde 1880 en más de 1000 estaciones meteorológicas en todo el mundo, y las han combinado con modernos datos satelitales. El video  resume los resultando al mostrar los cambios de temperatura producidos a lo largo de 130 años, con respecto a los valores medios del siglo XX. En el mapa, rojo significa más caliente y   azul más frío. La película demuestra que, en promedio, la temperatura superficial de la Tierra ha aumentado casi un grado Celsius (centígrado) a lo largo de 130 años, y que la mayoría de los años más cálidos registrados han sido los más recientes. El cambio climático global es más que un pasatiempo científico pasajero: está ligado al empeoramiento global del clima y al aumento de los niveles marinos costeros.
Sin comentarios...


Taken directly from NASA:
How has the surface temperature of Earth been changing? To help find out, Earth scientists collected temperature records from over 1000 weather stations around the globe since 1880, and combined them with modern satellite data. The above movie dramatizes the result showing 130 years of planet-wide temperature changes relative to the local average temperatures in the mid-1900s. In the above global maps, red means warmer and blue means colder. On average, the display demonstrates that the temperature on Earth has increased by nearly one degree Celsius over the past 130 years, and many of the warmest years on record have occurred only recently. Global climate change is of more than passing interest -- it is linked to global weather severity and coastal sea water levels.
No words required...

Tomado de/Taken from Nasa
Viñeta original de/Cartoon from Lemon

domingo, 17 de marzo de 2013

Los contaminantes amenazan la salud en el Artico/Pollutants threaten health in the Artic


Las personas que viven en las zonas árticas pueden ser más sensibles a los contaminantes debido a su genética, según Arja Rautio investigador del Centro de Medicina del Ártico en la Universidad de Oulu, Finlandia. Esto es lamentable, ya que las zonas más septentrionales de Europa están expuestas a los productos químicos más peligrosos. Los científicos creen que el cambio climático puede ser una de los culpables ya que los movimientos de las masas de aire y agua empujan algunos de estos indeseables productos químicos hacia el Ártico. "En la vida real, la gente está expuesta a un montón de productos químicos", dice Rautio, que estudia los efectos de los contaminantes en la salud humana y la influencia del cambio climático, dentro del proyecto ArcRisk financiado por la UE ", y creo que la gente del norte está expuesta en general a niveles más altos que la población europea".
Muchos nuevos contaminantes como los compuestos fluorados y bromados y bisfenol A pueden actuar sobre las hormonas y tienen por tanto impacto sobre la salud humana. Pero el ver este efecto en los seres humanos, a nivel de población, podría tomar diez o incluso 20 años, especialmente en el caso del cáncer. Por esto, ArcRisk ha recopilado una base de datos sobre niveles de concentración y tendencias de los contaminantes en los seres humanos. El equipo investigador analizó bifenilos policlorados (PCB), pesticidas clorados y difeniléteres polibromados (PBDE) en muestras congeladas de sangre recogidas en Noruega en 1978, 1986, 1995 y 2008.
El principal reto que enfrentan los científicos del proyecto es diferenciar los efectos de los productos contaminantes de lo que hacemos en nuestra vida cotidiana. "Sabemos que las dioxinas pueden llevar a más diabetes y presión arterial alta", dice Rautio, "pero hay muchos otros factores implicados. Estamos cambiando nuestra dieta y muchos de nosotros somos menos activos y este estilo de vida también puede aumentar el riesgo de enfermedades como la diabetes. "Los resultados del proyecto se presentarán en enero 2014, en una conferencia sobre Fronteras del Ártico en Tromsø, Noruega.
Los problemas de salud provocados por estas sustancias químicas podrían ser peores de lo previsto. Algunos de los contaminantes encontrados en el Ártico por los científicos del proyecto, tales como los compuestos fluorados, tienen mayor afinidad por los receptores hormonales quelas mismas hormonas naturales.Los estudios en animales muestran tendencias preocupantes y no presagian nada bueno para los seres humanos. Según Geir Wing Gabrielsen, científico medioambiental del Instituto Polar Noruego que no forma parte del proyecto ArcRisk: "Cuando vemos estos resultados en animales del Ártico, nos preocupa mucho lo que vamos a encontrar en lo que respecta a los humanos". Señala además que grandes masas de aire caliente están siendo transportados al Ártico y que las corrientes marinas alrededor de lugares como las islas Svalbard [a medio camino entre Noruega y el Polo Norte] contienen aguas atlánticas más cálidas, cuando antes eran aguas polares.
Rautio concluye en que es necesario clarificar estos efectos, para que la gente y no sólo en aquellos que viven en las remotas zonas del norte, pueda tomar decisiones sobre sus propias vidas, qué comer o cómo evitar la exposición a estos peligros.

People living in Arctic areas can be more sensitive to pollutants due to their genetics, says researcher Arja Rautio at the Centre for Arctic Medicine in the University of Oulu, Finland. This is unfortunate since the northernmost areas of Europe are receiving more harmful chemicals. Scientists believe climate change may be a culprit as air and water mass movements push some of these undesirable chemicals towards the Arctic. “In real life, people are exposed to lots of chemicals,” says Rautio, who leads studies into the human health effects from contaminants and the influence of climate change in a EU-funded project called ArcRisk, “and I think the people of the north are exposed to higher levels than for example the general population in Europe.”
Many new contaminants like fluorinated and brominated compounds and bisphenol A can act on hormones and so have impacts on human health. But seeing an effect on humans, at the population level, could take ten or even 20 years, especially in the case of cancer, she adds. This is why ArcRisk has established a database containing data on concentration levels and trends of contaminants in humans. The project team analysed frozen blood samples collected in Norway in 1978, 1986, 1995 and 2008 for polychlorinated biphenyls (PCBs), chlorinated pesticides and polybrominated diphenylethers (PBDEs).
The main challenge that project scientists struggle with is to disentangle the effects of contaminant chemicals from what we do in our everyday lives. “We know that dioxins can lead to more diabetes and high blood pressure,” says Rautio, “but there are many other confounding factors. We are changing our diet and many of us are less active and those lifestyle choices can also increase the risk of diseases like diabetes.” The results of the project are due to be presented at a conference of Arctic Frontiers in Tromsø, Norway, in January 2014

Health problems induced by these chemicals could be worse than anticipated. Some of the pollutants found in the Arctic by the project scientists like the fluorinated compounds have higher affinities for hormone receptors than even the natural hormones.Animal studies already show worrying trends that do not bode well for humans. “When we see these findings in Arctic animals I am very concerned about what we will find with regards to humans” says Geir Wing Gabrielsen, an environmental scientist at the Norwegian Polar Institute, who is not part of ArcRisk. He notes that long periods of warm air are being transported to the Arctic and that the sea currents around places like the Svalbard islands [located midway between Norway and the North Pole] now consist of warmer Atlantic water; they used to consist of polar waters.
Rautio concludes that there is a need to clarify the effects so that people—not only in those living in the remote northern areas— can make decisions about their own lives, what to eat, how to avoid exposure to harm.

Tomado de/Taken from Youris.com

domingo, 4 de noviembre de 2012

La Corriente del Golfo podría estar liberando metano/Gulf Stream might be releasing seafloor methane


Una buena parte del carbono biológico de la Tierra está almacenado en el fondo del mar en forma de hidrato de metano, un compuesto clatrato sólido, de fórmula CH4.5,8-6,0H2O, en el que el metano está atrapado dentro de una estructura cristalina de agua, formando un sólido parecido al hielo. Originalmente se pensaba que solo podría formarse en las regiones exteriores del sistema solar, donde la temperatura es baja y el hielo de agua es común, pero se han encontrado depósitos importantes bajo los sedimentos del fondo oceánico terrestre.
Los cambios en la temperatura o la dirección de la Corriente del Golfo, que transporta agua cálida hacia el norte desde el Golfo de México, han calentado en 8 grados Celsius los sedimentos en una franja a lo largo del fondo marino del Atlántico Norte, desbloqueando 2.500 millones de toneladas métricas de metano de su reservorio en las aguas profundas, según informan los científicos en el número del 25 de octubre de Nature.
Según Benjamin Phrampus (Southern Methodist University de Dallas, Texas), coautor del estudio, este es el primer estudio que sugiere que el derretimiento del hidrato de metano está relacionado con las corrientes oceánicas mismas. Los anteriores estudios suponían que la ruptura del hidrato de metano se produciría por el aumento de la temperatura global del océano, lo que necesitaría una enorme cantidad de energía. Según Phamprus "No necesitamos esta enorme cantidad de energía para explicarlo. Se trata simplemente de un cambio en las corrientes oceánicas”.
La conversión de los hidratos de metano en gas metano, no es tan apocalíptica como los efectos causados por el ‘ice-nine’ (hielo-nuevo) en la novela de Kurt Vonnegut “Cat’s Cradle” (Juego de Hilos) de 1963, un compuesto que cristaliza toda el agua líquida que toca y que tiene el poder de aniquilar, en un instante, toda la vida en la Tierra. Aunque el metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2, la mayor parte del mismo que está siendo liberado en las profundidades, nunca llegará a la atmósfera. En su lugar, se disolverá en el agua de mar, donde los microbios lo convertirán en CO2, pero incluso, aunque el metano llegara a la superficie, su tiempo de vida en el aire sería solo de unos 10 años.
Según Carolyn Ruppel del Servicio Geológico de EE.U, para afectar al calentamiento global habría que añadir mucho más metano a la atmósfera. Lo que sería un problema, según Ruppel, es si eso hace las pendientes submarinas mucho más propensas a los deslizamientos, que podrían a su vez liberar aún más metano de los fondos marinos o provocar tsunamis.
La liberación repentina de hidrato de metano, es una de las causas propuestas para eventos de calentamiento global como el máximo térmico del Paleoceno-Eoceno: un aumento repentino de más de 5 grados Celsius de la temperatura global, que se produjo hace unos 55 millones de años. En comparación con ese evento, la cantidad de gas liberada en la costa este de EE.UU. es muy pequeña, dice Phrampus, pero añade que "es muy poco probable que ésta sea la única parte del mundo donde se produzcan."
El estudio se ha basado en mediciones indirectas de la temperatura del fondo marino para inferir que los hidratos se están desintegrando. Estos sólidos de metano sólo pueden formarse en los primeros cientos de metros superiores de los sedimentos oceánicos. Por debajo, el interior caliente de la Tierra mantiene el metano gaseoso. Las señales sísmicas revelan la profundidad donde los hidratos sólidos y el metano gaseoso se encuentran. La comparación de esta profundidad con las predicciones teóricas, parece sugerir que la región era probablemente más fría en el pasado, pero los cambios producidos hace 5.000 años en la corriente del Golfo están causando que se caliente.
Es como ver un bloque de hielo en un día caluroso y soleado: se puede inferir que el hielo se derrite incluso aunque no se le vea. Por una lógica similar, a partir del aumento de la temperatura de los sedimentos los científicos sospechan que una gran parte del metano congelado debe estar vaporizándose, aunque no lo observen directamente.
Los hidratos de metano se descompondrán a lo largo de los próximos siglos, si la Corriente del Golfo no se enfría o cambia su posición. Sin embargo, el impacto sobe el clima mundial sigue siendo poco claro, ya que los científicos no saben cuánto hidrato de metano hay, o cuanto gas podría ser liberado.


A good portion of the biological carbon on Earth is stored in the seafloor as methane hydrate, a solid clathrate compound, composition CH4 . 5.8-6.0 H2O, in which a large amount of methane is trapped within a crystal structure of water, forming a solid similar to ice. Originally thought to occur only in the outer regions of the Solar System where temperatures are low and water ice is common, significant deposits of methane clathrate have been found under sediments on the ocean floors of Earth.
Changes in the temperature or direction of the Gulf Stream, which carries warm water north from the Gulf of Mexico, have heated sediments in a strip along the North Atlantic seafloor by 8 degrees Celsius, unlocking 2.5 billion metric tons of methane from deep-sea caches, scientists report in the Oct. 25 Nature.
This is the first study to suggest that methane hydrate melting is related to ocean currents themselves, says study coauthor Benjamin Phrampus (Southern Methodist University in Dallas). Previous studies suggested that the global ocean temperature would have to increase to cause hydrate breakdown, which would take a very huge input of energy, he says. “We don’t need this large amount of energy to explain this. It’s simply a change in the ocean currents.”
The conversion of methane hydrate to gas isn’t nearly so apocalyptic as the effects caused by ‘ice-nine’ (in Kurt Vonnegut’s 1963 novel Cat’s Cradle, that crystallizes all liquid water it touches, with the power to wipe out all life on Earth in an instant. though. While methane is a much more potent greenhouse gas than CO2, at the depths it’s being released most of the methane will never reach the atmosphere. Instead, it will dissolve in seawater, where microbes will guzzle it up and convert it to CO2. Even if methane does reach the surface, its lifetime in air is only about 10 years.
To affect global warming, “you’d have to add quite a bit of methane” says geophysicist Carolyn Ruppel of the U.S. Geological Survey. Where it becomes a problem, Ruppel says, is if this conversion makes underwater slopes much more prone to landslides. These slides might release even more methane from the seabed or trigger tsunamis.
Sudden methane hydrate release has been proposed as the cause of global warming events like the Paleocene-Eocene thermal maximum, a rapid spike in global temperature of more than 5 degrees Celsius that occurred about 55 million years ago. Compared with the PETM, the amount of gas being released by hydrates off of the U.S. east coast is very small, says Phrampus, but he notes that “it’s very unlikely that this is the only part of the world where it’s occurring.”
The study relied on indirect measurements of seafloor temperature to infer that hydrates are disintegrating. These methane solids can form only in the top few hundred meters of ocean sediments. Below that, the Earth’s warm interior keeps methane a gas. Seismic signals revealed the depth where solid hydrates met gassy methane. Comparing this depth with theoretical predictions suggested that the region was probably cooler in the past, but changes in the Gulf Stream 5,000 years ago are causing it to heat up.
It’s like seeing a block of ice on a warm, sunny day: you can infer that the ice is melting even if you can’t see it. By similar logic, from rising sediment temperatures scientists suspect that a big chunk of the frozen methane must be vaporizing, even without observing it directly.
Methane hydrates will be breaking down over the next few centuries if the Gulf Stream doesn’t cool off or shift its position. Because scientists don’t know how much methane hydrate is out there or how much gas could be released, however, the impact on global climate remains unclear.

Tomado de/Taken from Science News

Resumen de la publicación/Abstract of the paper
Recent changes to the Gulf Stream causing widespread gas hydrate destabilization
B.J. Phrampus & M.J. Hornbach
Nature 490, 527–530 (25 October 2012)
doi: 10.1038/nature11528
Abstract
The Gulf Stream is an ocean current that modulates climate in the Northern Hemisphere by transporting warm waters from the Gulf of Mexico into the North Atlantic and Arctic oceans. A changing Gulf Stream has the potential to thaw and convert hundreds of gigatonnes of frozen methane hydrate trapped below the sea floor into methane gas, increasing the risk of slope failure and methane release. How the Gulf Stream changes with time and what effect these changes have on methane hydrate stability is unclear. Here, using seismic data combined with thermal models, we show that recent changes in intermediate-depth ocean temperature associated with the Gulf Stream are rapidly destabilizing methane hydrate along a broad swathe of the North American margin. The area of active hydrate destabilization covers at least 10,000 square kilometres of the United States eastern margin, and occurs in a region prone to kilometre-scale slope failures. Previous hypothetical studies3, 5 postulated that an increase of five degrees Celsius in intermediate-depth ocean temperatures could release enough methane to explain extreme global warming events like the Palaeocene–Eocene thermal maximum (PETM) and trigger widespread ocean acidification7. Our analysis suggests that changes in Gulf Stream flow or temperature within the past 5,000 years or so are warming the western North Atlantic margin by up to eight degrees Celsius and are now triggering the destabilization of 2.5 gigatonnes of methane hydrate (about 0.2 per cent of that required to cause the PETM). This destabilization extends along hundreds of kilometres of the margin and may continue for centuries. It is unlikely that the western North Atlantic margin is the only area experiencing changing ocean currents; our estimate of 2.5 gigatonnes of destabilizing methane hydrate may therefore represent only a fraction of the methane hydrate currently destabilizing globally. The transport from ocean to atmosphere of any methane released—and thus its impact on climate—remains uncertain.

jueves, 23 de agosto de 2012

Record de superficie mínima de hielo en el Artico/Artic Sea ice extent low record


La superficie de hielo derretida en el Ártico durante las dos primeras semanas de agosto, está por debajo de los niveles más bajos alcanzados en 2007. Este descenso coincidió con una intensa tormenta originada sobre el Océano Ártico central, pero no está claro si es la causa de este rápido deshielo.

El 13 de agosto de 2012, el hielo ártico tenía una extensión de 5,09 millones de kilómetros cuadrados, es decir 2,69 millones de kilómetros cuadrados por debajo de la media de los años 1979-2000, y 483.000 millones menos que el record de 2007, el más bajo conocido. Este descenso se debe a la gran abertura al Atlántico del Mar de Beauford y, a causea de la rápida pérdida de hielo de las pasadas dos semanas, al Mar Siberiano Oriental. Solo en la costa nororiental de Groenlandia, la situación es normal. El hielo cercano a la costa en Siberia oriental sigue bloqueando el paso en la ruta del Mar del Norte y la entrada occidental al Paso del Noroeste, por el estrecho de McClure, sigue cerrada.

La pérdida de hielo desde junio ha sido muy rápida a razón de 100.000 kilómetros cuadrados diarios. Sin embargo, la velocidad se dobló durante unos días a primeros de agosto, debido a un ciclón ártico. Al contrario que en el verano de 2007, cuando había altas presiones en el Océano Ártico central y bajas presiones en la costa norte euroasiática, el verano de 2012 se ha caracterizado por tener condiciones climáticas cambiantes. Las temperaturas del aire a altitudes de 925 hPa (cerca de 1.000 m sobre el nivel del agua) han sido entre 1 y 3 grados Celsius mayores que la media de 1981 a 2012 en el centro de Groenlandia, norte de Canadá y la parte norte de Alaska hacia el Océano Ártico. Temperaturas por debajo de lo normal (entre 1 y 2 grados Celsius) se observaron en una pequeña región de Siberia oriental cerca del Mara Siberiano oriental, lo que ayuda a explicar la persistencia de bajos niveles de hielo en esta región a primeros de agosto.

Véase también el post anterior



Arctic sea ice extent during the first two weeks of August continued to track below 2007 record low daily ice extents. Sea ice extent dropped rapidly between August 4 and August 8. While this drop coincided with an intense storm over the central Arctic Ocean, it is unclear if the storm prompted the rapid ice loss.

Arctic sea ice extent on August 13 was 5.09 million square kilometers (1.97 million square miles). This is 2.69 million square kilometers (1.04 million square miles) below the 1979 to 2000 average extent for the date, and is 483,000 square kilometers (186,000 square miles) below the previous record low for the date, which occurred in 2007. Low extent for the Arctic as a whole is driven by extensive open water on the Atlantic side of the Arctic, the Beaufort Sea, and—due to rapid ice loss over the past two weeks—the East Siberian Sea. Ice is near its normal (1979 to 2000) extent only off the northeastern Greenland coast. Ice near the coast in eastern Siberia continues to block sections of the Northern Sea Route. The western entrance to the Northwest Passage via McClure Strait remains blocked.

The average pace of ice loss since late June has been rapid at just over 100,000 square kilometers (38,000 square miles) per day. However, this pace nearly doubled for a few days in early August during a major Arctic cyclonic storm. Unlike the summer of 2007 when a persistent pattern of high pressure was present over the central Arctic Ocean and a pattern of low pressure was over the northern Eurasian coast, the summer of 2012 has been characterized by variable conditions. Air tempertures at the 925 hPa level (about 3000 feet above the ocean surface) of 1 to 3 degrees Celsius (1.8 to 5.4 degrees Fahrenheit) above the 1981 to 2012 average have been the rule from central Greenland, northern Canada, and Alaska northward into the central Arctic Ocean. Cooler than average conditions (1 to 2 degrees Celsius or 1.8 to 3.6 degrees Fahrenheit) were observed in a small region of eastern Siberia extending into the East Siberian Sea, helping explain the persistence of low concentration ice in this region through early August.

See also the previous post

Tomado de/Taken from National Snow and Ice Data Center

domingo, 29 de abril de 2012

La salinidad de los océanos ha cambiado en los últimos cincuente años/Oceans' salinity changed over last half-century

Como se puede ver en la Figura de arriba, durante la segunda mitad del siglo XX algunas zonas del océano (en rojo) se hicieron más salinas mientras que otras (en azul) se hicieron más dulces, al aumentar la cantidad de agua que se evapora desde la superficie y cae en forma de lluvia.
La culpa podría ser del calentamiento del planeta. Las simulaciones llevadas a cabo en un estudio publicado en Science (27 de Abril) por Durack y col. sugieren que la evaporación y las precipitaciones aumentaron un 4 por ciento al aumentar medio grado centígrado la temperatura de la superficie. El aumento provocado es mayor del que que preveían anteriores estudios, pero encaja con la idea de que una atmósfera más cálida puede retener más humedad.
"Vemos grandes patrones generales de cambio", dice Paul Durack, oceanógrafo del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en California. "Las regiones en las que predominó la evaporación se hicieron más saladas, mientras que las regiones en los que predominó la lluvia el agua se hizo más dulce".
La medida de estos cambios globales en la evaporación y el ciclo de la lluvia en la Tierra, nunca ha sido fácil. Los pluviómetros terrestres o marinos suelen ser escasos y no siempre se conoce su posición exacta en décadas pasadas.
Según William Ingram, físico atmosférico en el Met Office Hadley Centre en Exeter y la Universidad de Oxford en Inglaterra, "la comparación de momentos diferentes momentos es difícil ya que tenemos más y mejores datos para los últimos tiempos.”. Según este mismo experto, la salinidad del océano proporciona una formar bastante estable y fiable para medir la cantidad de agua que entra y sale del mismo. Las pequeñas fluctuaciones que se producen en la evaporación y la precipitación, tienden a ser suavizadas con el tiempo, permitiendo así los científicos encontrar tendencias a largo plazo.
El equipo de Durack analizó 1,7 millones de medidas de salinidad realizadas desde barcos durante la segunda mitad del siglo XX. Otros investigadores ya habían visto patrones de cambio en estos datos, pero Durack y sus colaboradores and reforzado la imagen. Una red de boyas autónomas desplegadas en el siglo XXI ha ayudado a rellenar los vacíos en el registro, sobre todo en latitudes altas, en las que las tormentas invernales impiden entrar a los barcos.
Mientras que el aumento de los niveles de gases con efecto invernadero continúe calentando la Tierra, el ciclo del agua será más rápido. Se estima que cada grado extra aumentará un 8 por ciento la cantidad de agua movida.
Y lo que ocurre en los océanos no se queda en los océanos. El ciclo que tiene lugar sobre el agua se extiende sobre la tierra. Según Durack, las zonas del mundo áridas, como Australia, serán probablemente más secas en el futuro, mientras que los lugares húmedos serán más húmedos.

As it can be seen in the first Figure, over the second half of the 20th century, parts of the world’s ocean became saltier (red) and parts became fresher (blue) as the amount of water evaporating from the surface and falling as rain increased.
A warming planet may to blame. Simulations in the new study published by Durack et col. in Science suggest evaporation and rainfall got a 4 percent boost as surface temperatures rose half a degree Celsius. That boost is a bigger change than previous studies had suggested, but fits with the idea that a warmer atmosphere can hold more moisture.
“We see big broad patterns of change,” says Paul Durack, an oceanographer at the Lawrence Livermore National Laboratory in California. “Regions dominated by evaporation became saltier, while regions dominated by rainfall became fresher.”
Measuring such global changes in Earth’s evaporation and rain cycle has never been easy. Rain gauges on land or at sea tend to be sparsely distributed, and the exact positions of such instruments decades ago isn’t always known.
“Comparing different times gets difficult because you typically have more and better data for the later times,” says William Ingram, an atmospheric physicist at the Met Office Hadley Centre in Exeter and the University of Oxford in England. Ocean salinity provides a fairly stable, reliable way to measure how much water goes up and comes down, says Ingram. Small fluctuations in evaporation and rainfall tend to get smoothed out over time, helping scientists to tease out long-term trends.
Durack’s team analyzed 1.7 million salinity measurements made by ships during the second half of the 20th century. Other researchers had already seen patterns of change in these data, but Durack and his colleagues sharpened the picture. A network of autonomous buoys deployed in the 21st century helped to fill in gaps in the record, particularly in high latitudes where winter storms keep ships away.
As rising greenhouse gas levels continue to warm Earth, the water cycle will churn even harder. Every extra degree is estimated to increase the amount of water moving around by 8 percent.
And what happens in the oceans doesn’t stay in the oceans. The cycle that occurs over water extends over land as well. Dry lands across the globe — Australia, for instance — will probably get drier in the future, as wet places get even wetter, says Durack.


Tomado de/Taken from Science News

La Figura central está tomada del material suplementario libre/Central Figure taken from the free Supplementary material


Resumen de la publicación/Abstract del paper
Paul J. Durack, Susan E. Wijffels and Richard J. Matear
Ocean salinities reveal strong global water cycle intensification during 1950 to 2000, Science, 336, 455-458 (2012)
DOI: 10.1126/science.1212222

Abstract
Fundamental thermodynamics and climate models suggest that dry regions will become drier and wet regions will become wetter in response to warming. Efforts to detect this long-term response in sparse surface observations of rainfall and evaporation remain ambiguous. We show that ocean salinity patterns express an identifiable fingerprint of an intensifying water cycle. Our 50-year observed global surface salinity changes, combined with changes from global climate models, present robust evidence of an intensified global water cycle at a rate of 8 ± 5% per degree of surface warming. This rate is double the response projected by current-generation climate models and suggests that a substantial (16 to 24%) intensification of the global water cycle will occur in a future 2° to 3° warmer world.

martes, 6 de diciembre de 2011

La captura de CO2 podría ser demasiado costosa para combatir el cambio climático/Capturing CO2 Too Costly to Combat Climate Change?


Una de las estrategias propuestas para combatir el cambio climático, en lo referente al aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, consiste sencillamente en eliminarlo de la misma. Pero un nuevo estudio sugiere que esta solución no es económica ni práctica.
Antes de que la actividad industrial comenzara a arrojar a la atmósfera dióxido de carbono, a partir de la mitad del siglo XVIIII, la concentración de este gas en la atmósfera era alrededor de 280 partes por millón (ppm). Hoy día excede las 390 ppm y sigue aumentando a razón de 2 ppm por año. Algunos científicos han sugerido que en vez de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero cambiando a fuentes neutras desde el punto de vista del carbono: eólicas, solares o nucleares, y dejando que la vegetación y los océanos absorban gradualmente el dióxido de carbono, la humanidad podría disminuir esas concentraciones más rápidamente, eliminando de forma activa el dióxido de carbono del aire.
Para ello se podrían dejar enormes depósitos abiertos conteniendo una disolución de hidróxido sódico, o potásico, o aminas. O bien se podría forzar a que el aire cargado de CO2 burbujeara a través de dichos depósitos. De esa manera, el gas quedaría fijado como carbonato. Al calentar esos compuestos se liberaría de nuevo el dióxido de carbono inyectándolo en el subsuelo debajo de rocas impermeables, igual que están los depósitos naturales de crudo o de gas natural. Estas estrategias conforman lo que se ha llamado Geoingeniería, con la cual algunos científicos esperan detener el calentamiento global.
Estudios anteriores cifraban el gasto en unos cuantos cientos de euros por tonelada métrica de dióxido de carbono, de manera que los 33.500 millones de toneladas generadas por la actividad industrial podrían eliminarse con cerca de 10 billones de dólares, un coste tremendo pero económicamente viable. No obstante, un nuevo estudio publicado online por Kurt House y colaboradores , en los Proceedings of the National Academy of Sciences sugiere que el coste por tonelada sería mucho más caro, cerca de 1100 dólares por tonelada.
Eso significa que se gastarían al menos 33 billones de dólares solo para mantener los niveles actuales, pero uno vez capturado debría gastarse energía para comprimirlo en forma líquida y almacenarlo. Y excepto que la energía empleada en estos procesos no produzca ella misma CO2, el resultado neto sería aumentar la concentración de dicho gas y no disminuirla.
Según otros expertos como Robert Socolow, físico de la Universidad de Princeton, está claro que a día de hoy “el proceso sería caro y que aún no se sabe cómo llevarlo a cabo a bajo coste, pero hay trabajo por hacer para reducir los costes de forma significativa”
David Keith, físico de la Universidad de Harvard y presidente de una compañía que desarrolla dicha tecnología, opina que hay mucha incertidumbre asociada con las técnicas empleadas por House y colaboradores, con lo que el coste por tonelada podría oscilar entre 100 y varios miles de dólares. Añade que “en este momento, la captura de carbono es un solo un concepto../... Para saber lo que cuesta, alguien tendría que hacerlo”.
House y sus colegas opinan que a corto plazo es mejor dejar de emitir CO2 en primer lugar. Entre ahora y 2050 , se podrían capturar las emisiones de carbono utilizando técnicas tales como eliminándolo antes de que deje las chimeneas con un coste de menos de 300 dólares por tonelada. Pero la mejor manera, sugieren muchos, es sencillamente encontrar fuentes de energía más ecológicas.


Since a buildup of humanmade carbon dioxide is causing the planet to warm, why not just suck this greenhouse gas straight out of the atmosphere? That's one strategy scientists have proposed to combat climate change. But a new analysis suggests that the approach may be neither economical nor practical.
Before widespread industrial activity began spewing CO2 into the air in the mid-1700s, atmospheric concentrations of the gas were around 280 parts per million (ppm). They now exceed 390 ppm and are growing rapidly, about 2 ppm per year. Rather than reducing emissions of the greenhouse gas by shifting to carbon-neutral sources of energy—wind, solar, and nuclear power, for example—and then letting vegetation and the oceans gradually absorb CO2 in the long term, humans could lower concentrations more rapidly by actively pulling CO2 from the air, some scientists have suggested.
In such a scheme, researchers would leave large vats out in the open, filled with solutions of sodium hydroxide, potassium hydroxide, or chemicals called amines. Or, the CO2-laden air could be forcefully bubbled through such reservoirs. When CO2 in the air reacts with these solutions, it becomes trapped in carbonate-rich compounds. Scientists can later heat these compounds and release the CO2 and dispose of it, typically by injecting it into deep geologic formations beneath impermeable rock, such as natural reservoirs of oil and natural gas. This strategy and many similar others, are part of a suite of ideas, dubbed Geoengineering, in which scientists hope to use technology to curb global warming.
Previous studies have hinted that capturing CO2 directly from the air could cost a few hundred dollars per metric ton of CO2 so it would total cost $10 trillion to completely counteract the estimated 33.5 billion tons of CO2 emissions generated by humans—a tremendous cost, yet one that is still economically viable. But Kurt House and his colleagues suggest online in the Proceedings of the National Academy of Sciences that the cost per ton of CO2 may actually be much more expensive, around $1100 per ton.
That's a total price tag of at least $33 trillion just to hold atmospheric concentrations of CO2 steady Then, once the gas is captured, even more energy must be expended to compress the gas into a liquid and then dispose of it. And unless the energy needed to drive these processes are carbon-neutral—that is, unless they produce no CO2 emissions of their own—the net result might add CO2 to the atmosphere, not reduce it.
Other experts, such as Robert Socolow, a physicist at Princeton University, say that “this [carbon-capture] process would be expensive now…./… we don't know how to do this at low cost, but there's work that can be done that might reduce costs significantly”
David Keith, a physicist at Harvard University and president of a start-up company developing such technology, says that the there is a lot of uncertainty associated with the analytical techniques used by House and his colleagues so the costs per ton could range anywhere from several thousand dollars to as low as $100. He adds that, "at this point, carbon capture [from ambient air] is a very conceptual environment…/…To really know what it costs, someone actually has to build it."
House and his colleagues note that for the near future, it's probably better to avoid releasing CO2 into the atmosphere in the first place. Between now and 2050, they say, carbon emissions can be captured—using more-developed techniques such as scrubbing the gas before it ever leaves the smokestack, for instance—for less than $300 per ton. But the best approach, many suggest, is simply to find greener sources of energy.

Tomado de/Taken from Science

Resumen de la publicación/Abstract of the paper
Economic and energetic analysis of capturing CO2 from ambient air
Kurt Zenz House, Antonio C. Baclig, Manya Ranjan, Ernst A. van Nierop, Jennifer Wilcox and Howard J. Herzog
Published online before print December 5, 2011, doi: 10.1073/pnas.1012253108

Abstract
Capturing carbon dioxide from the atmosphere (“air capture”) in an industrial process has been proposed as an option for stabilizing global CO2 concentrations. Published analyses suggest these air capture systems may cost a few hundred dollars per tonne of CO2, making it cost competitive with mainstream CO2 mitigation options like renewable energy, nuclear power, and carbon dioxide capture and storage from large CO2 emitting point sources. We investigate the thermodynamic efficiencies of commercial separation systems as well as trace gas removal systems to better understand and constrain the energy requirements and costs of these air capture systems. Our empirical analyses of operating commercial processes suggest that the energetic and financial costs of capturing CO2 from the air are likely to have been underestimated. Specifically, our analysis of existing gas separation systems suggests that, unless air capture significantly outperforms these systems, it is likely to require more than 400 kJ of work per mole of CO2, requiring it to be powered by CO2-neutral power sources in order to be CO2 negative. We estimate that total system costs of an air capture system will be on the order of $1,000 per tonne of CO2, based on experience with as-built large-scale trace gas removal system

lunes, 28 de noviembre de 2011

CUMBRE DE DURBAN (SUDAFRICA) SOBRE CAMBIO CLIMATICO 28-11-2011 A 09-12-2011

Más de 190 países, desde los más vulnerables al calentamiento a los que no tienen interés en actuar, se reúnen a partir del lunes en Durban (Sudáfrica) para reactivar las negociaciones sobre los cambios climáticos y decidir el futuro del amenazado Protocolo de Kioto.

""Las organizaciones integrantes de la Coalición Clima han pedido al gobierno en funciones y al entrante "voluntad política" para frenar el cambio climático, y "el mismo compromiso que dedican a la crisis económica", con motivo de la Cumbre sobre Cambio Climático de Naciones Unidas (COP17) que se celebra desde este lunes en Durban (Sudáfrica).

Así, exigen al gobierno que promueva el acceso y la participación en los procesos de negociación y articule mecanismos que faciliten la representatividad de la sociedad civil en la COP 17 y que apoye a la Unión Europea con el mantenimiento del Protocolo de Kioto --"único instrumento legalmente vinculante en la lucha internacional contra el cambio climático"--.

Asimismo, proponen apoyar el establecimiento de una hoja de ruta destinada a la firma de instrumentos legalmente vinculantes que aglutinen los compromisos de los diferentes estados.

Por otra parte, sugieren mantener el apoyo al objetivo de la UE de reducir las emisiones del 20 al 30 por ciento para 2020 e invitan a establecer un objetivo nacional de reducción de emisiones ambicioso con un marco normativo de lucha contra el cambio climático que permita integrar y armonizar las diferentes legislaciones sobre fiscalidad ambiental, energías renovables y movilidad sostenible.. """
Según Europa Press

UN VÍDEO:

http://youtu.be/thuViaxRd_w 

Más información pinchando el siguiente enlace:
http://www.alkaidediciones.com/foro/index.php?topic=2640.0

lunes, 5 de septiembre de 2011

Abiertas rutas en el Artico/Arctic shipping routes open

Las observaciones de satélite muestran que se avecina otro año con menos cubierta de hielo en el Ártico de lo habitual. El deshielo durante los meses de verano ha abierto dos grandes vías para la navegación en el Océano Ártico. En 2008 los satélites fueron testigo de la apertura simultánea del Pasaje del Noroeste y la Ruta del Mar del Norte por primera vez desde que comenzaron las observaciones de satélite, en los años setenta; ahora ha ocurrido de nuevo. 
La Ruta del Mar del Norte, por encima de Rusia –también conocida como Paso del Noreste- ha estado abierta al tráfico marítimo desde mediados de agosto; ahora parece estarlo también el Pasaje Noroeste, según revelan observaciones recientes de satélite. Situado en el Archipiélago Ártico Canadiense, el Pasaje del Noroeste puede ser un atajo para la navegación entre Europa y Asia. Sin embargo, la apertura de esta ruta trae consigo potenciales reclamaciones de soberanía y la posibilidad de que especies marinas migren a través del Océano Ártico. 
En 2007 la cubierta helada en el Ártico batió el récord de escasez en casi tres décadas, desde el comienzo de las medidas con satélites. Ese mismo año se abrió por primera vez el pasaje del Noroeste, históricamente no navegable. Las inusuales condiciones climáticas contribuyeron a la pérdida récord de hielo en 2007: el viento llevó aire caliente a la región central del océano Ártico, lo que provocó un fuerte deshielo. 
El clima no se ha comportado igual este año, pero la temprana apertura de las vías de navegación sugiere que podríamos estar a punto de batir un nuevo récord de pérdida de hielo. “Aún faltan tres o cuatro semanas para alcanzar el mínimo de la cubierta de hielo, y lo que ocurra dependerá mucho de las condiciones climáticas en el Ártico estas semanas”, dice Toudal Pedersen, investigador del Instituto Meteorológico Danés. “Pero tanto si alcanzamos un mínimo absoluto como si no, este año se confirma que estamos en una nueva etapa, con mucho menos hielo que antes durante el verano. “Los últimos cinco veranos hemos tenido las cubiertas heladas más escasas jamás registradas”. 
Cada año, sobre el océano Ártico se forma una gran cubierta de hielo flotante que después se derrite, pero la velocidad a la que se produce el deshielo se ha acelerado. Durante los últimos 30 años los satélites que observan el Ártico han sido testigo de reducciones en la cubierta mínima de hielo al final del verano: de los 8 millones de kilómetros cuadrados a principios de los años ochenta, al mínimo histórico de menos de 4,24 millones de kilómetros cuadrados en 2007. 
Antes de la llegada de los satélites era muy complicado hacer mediciones del hielo marino: no sólo es difícil llegar al Ártico, sino que en la región es frecuente el mal tiempo y la oscuridad se prolonga durante largos periodos. Los radares en los satélites de observación de la Tierra, como Envisat, de la ESA, están especialmente preparados para vigilar las regiones polares porque pueden tomar imágenes independientemente de las nubes y de la oscuridad. En las próximas semanas la ESA seguirá vigilando la situación en el Ártico con sus satélites Envisat, CryoSat y SMOS.


Satellite measurements show we are heading for another year of below-average ice cover in the Arctic. As sea ice melts during the summer months, two major shipping routes have opened in the Arctic Ocean. In 2008 satellites saw that the Northwest Passage and the Northern Sea Route were open simultaneously for the first time since satellite measurements began in the 1970s – and now it has happened again. 
While the Northern Sea Route above Russia also known as the Northeast Passage has been open to shipping traffic since mid-August, recent satellite data show that the most direct course in the Northwest Passage now appears to be navigable as well. Located in the Canadian Arctic Archipelago, the Northwest Passage can be a short cut for shipping between Europe and Asia – but with the opening of the sea route comes the potential for both sovereignty claims and marine species migration across the Arctic Ocean. 
In 2007, Arctic sea ice hit a record low since satellite measurements began nearly 30 years before. That same year, the historically impassable Northwest Passage opened for the first time. Unusual weather contributed to 2007’s record ice loss: skies opened over the central Arctic Ocean and wind patterns pushed warm air into the region, promoting a strong melt. 
Weather patterns have been different this year, but the early opening of the passages indicates that we could be about to hit a new record low in ice cover. Open Northern Sea Route “The minimum ice extent is still three to four weeks away, and a lot depends on the weather conditions over the Arctic during those weeks,” says Leif Toudal Pedersen, a senior scientist at the Danish Meteorological Institute. “Whether we reach an absolute minimum or not, this year again confirms that we are in a new regime with substantially less summer ice than before. “The last five summers ar11:39 05/09/2011e the five minimum ice extent summers on record.” 
Every year, the Arctic Ocean experiences the formation and then melting of vast amounts of floating ice, but the rate of overall loss has accelerated. During the last 30 years, satellites observing the Arctic have witnessed reductions in the minimum ice extent at the end of summer from around 8 million sq km in the early 1980s to the historic minimum of less than 4.24 million sq km in 2007. 
Before the advent of satellites, obtaining measurements of sea ice was difficult: the Arctic is both inaccessible and prone to long periods of bad weather and extended darkness. Radars on Earth observation satellites such as ESA’s Envisat are particularly suited to monitoring polar regions because they can acquire images through clouds and darkness. In the coming weeks, ESA will continue to monitor the situation in the Arctic with its Envisat, CryoSat and SMOS satellites. 

Tomado de ESA/Taken from ESA