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viernes, 19 de diciembre de 2014
Glaciares y frutos mueren en Perú sin respuesta de la COP 20
Pie de foto: Cayetano Huanca, quien vive cerca del glaciar de Ausangate, en el departamento de Cusco, en los Andes de Perú. En pocos años, ese nevado podría extinguirse, como ya ha sucedido con otros en el país. Crédito: Oxfam.
Fuente: IPS Agencia de Noticias:
http://www.ipsnoticias.net/2014/12/glaciares-y-frutos-mueren-en-peru-sin-respuesta-de-la-cop-20/
- Los nevados agonizan en Perú, que concentra 70 por ciento de los glaciares tropicales en el mundo, y los agricultores de esos ecosistemas viven peripecias para adaptarse al alza de la temperatura, mientras en Lima gobiernos de 195 países cierran las negociaciones climáticas sin atender esta realidad cercana.
A unos 100 kilómetros de un nevado que se resiste a morir, el Salkantay, en el departamento de Cusco, hay un monumento al cultivo de la granadilla, un fruto del que dependen centenares de pobladores de la zona, y que en 20 años, según las proyecciones, no se podrá sembrar más.
El monumento ubicado en la plaza del municipio de Santa Teresa, una localidad cercana a Machu Picchu, perenniza la producción de este cultivo: una mujer recoge los frutos, un campesino carga en sus espaldas la siembra en un costal, otro corta la maleza mientras un agricultor acompañado por un perro remueve la tierra.
Esa escena congelada es rutinaria en Santa Teresa, donde la granadilla (Passiflora ligularis) se produce entre los 2.000 y 2.800 metros sobre el nivel del mar. Pero se proyecta que el cultivo deberá desplazarse hasta los 3.000 metros por el incremento de la temperatura. Al llegar a ese punto, no podrá sembrase más granadilla.
“El impacto en esta zona es fuerte porque los pobladores viven de esta producción”, contó a IPS la ingeniera ambiental Karim Quevedo, quien ha recorrido la microcuenca Santa Teresa como responsable de la Dirección de Agrometeorología del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología de Perú (Senhami).
Esta microcuenca es una de las zonas estudiadas por Senhami como parte de un proyecto de adaptación de las poblaciones locales por el impacto del retroceso de glaciares. En Santa Teresa, el glaciar que agoniza a su lado es el Salkantay, que en quechua significa montaña salvaje.
El Salkantay, que es el corazón viejo e indomable de la cordillera de Vilcabamba, abastece de agua dulce a los ríos de la zona. Pero en los últimos 40 años ha perdido 63,6 por ciento de su superficie glaciar, equivalente a unos 22 kilómetros cuadrados según la gubernamental Autoridad Nacional del Agua (ANA).
“Es importante medir de qué manera afecta este retroceso glaciar a los pobladores para saber cómo pueden adaptarse, ya que la pérdida de estos nevados es irreversible”, explicó a IPS el responsable del Área de Cambio Climático de la ANA, Fernando Chiock.
Tanto Chiock como Quevedo aseguran que es crucial que se considere la afectación directa a los pobladores locales y se prioricen los fondos destinados a mitigar estos impactos, durante el cierre de la 20 Conferencia de las Partes (COP 20), a cuya fase final concurrieron gobernantes y altos representantes de los 195 países.
Pie de foto: Monumento al cultivo de la granadilla en el pueblo de Santa Teresa, que sus pobladores no podrán producir en 20 años más, por la elevación de las temperaturas en esta zona montañosa de Cusco, en los Andes de Perú. Crédito: Cortesía de Karim Quevedo.
La COP 20 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) debe concluir este viernes 12 o el sábado 13 si, como se anticipa, las negociaciones se prolongan, después de dar inicio el 1 de este mes.
“Está pendiente ver cómo aterrizar lo que se acuerde en esta cumbre del clima con lo que sucede en estas localidades. Uno de los desafíos es conectar los grandes acuerdos”, agregó Quevedo a IPS en el espacio de Voces por el Clima de la COP, a pocos metros de las negociaciones en el recinto militar de El Pentagonito.
El panorama es preocupante según los expertos. Desde los años 70 hasta la actualidad, la superficie glaciar de los 2.679 glaciares que existen en los Andes de Perú, ha retrocedido en más de 40 por ciento, apuntó Chiok.
De más de 2.000 kilómetros cuadrados de superficie glaciar en los años 70 se pasó a unos 1.300 kilómetros.
La situación de emergencia ya provocó la muerte de nevados, como el de Broggi que formaba parte de la Cordillera Blanca, la cadena montañosa tropical con mayor densidad de glaciares del mundo y que como la Vilcabamba integra los Andes peruanos.
Hace unos 50 años, el retroceso glaciar del Broggi era de dos metros por año pero en los 80 y 90 trepó a los 20 metros anuales.
En 2005, este nevado se dejó de monitorear, porque su superficie glaciar, que equivale a los signos de vida de un ser humano, desapareció por completo.
En la actualidad, el retroceso glaciar oscila entre nueve y 20 metros al año, según la ANA. Paralelamente, se han formado unas 900 lagunas nuevas con el agua de la desglaciación, relató Chiock.
En lo inmediato la aparición de nuevas lagunas puede parecer una buena noticia para los pobladores locales, pero según el experto de la ANA debe considerarse el adecuado manejo de estas fuentes de agua para no generar falsas expectativas en las comunidades y poder manejar los riesgos de estas lagunas por la ruptura de los diques.
Chiok explicó que actualmente existen 35 lagunas con obras de seguridad por el riesgo que hay en ellas.
En el campo, se ha instalado la incertidumbre. Lagunas que aparecen, glaciares que mueren. Granizadas que caen sobre los cultivos de maíz. Lluvias indecisas y furibundas que afectan los sembríos de papa, el sol incandescente que pudre los frutos, los insectos que aparecen como burbujas de una olla hirviendo.
“La variabilidad climática de las localidades se ha alterado. No se puede generalizar qué pasa, cada pueblo enfrenta su propio problema. Pero lo que sí es innegable son estos cambios del clima”, detalló Quevedo a IPS.
En este escenario, hay cultivos más afectados que otros. Con las temperaturas altas, los cultivos de papa deben trasladarse a mayor altura porque necesitan de las noches de frío para su producción. En algunas zonas, el sembrío de café con un sol furioso puede ser positivo, pero en otros no tanto porque también necesita sombra.
El clima influye en 61 por ciento en la producción de los cultivos, según la Organización Meteorológica Mundial.
“Estos eventos del clima menores son los que más daño causan a la población, y son los más invisibles ante la comunidad internacional”, dijo a IPS el director del Centro del Clima de la Cruz Roja Internacional, Maarten Van Aalts, quien participó en las actividades de la COP 20.
A su juicio, no tiene que desatarse un huracán que se lleve todo de golpe, como sucedió en Haití en enero de 2010, para que los gobiernos que participan en las negociaciones climáticas reaccionen. Pero se han derretido las esperanzas de que lo hagan antes de que la COP 20 eche el cierre aquí, en Lima.
lunes, 14 de octubre de 2013
Al cambio climático golpeará primero los trópicos/Extreme climate will hurts tropics first
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| Año en que la temperatura media anual superará a la mayor temperatura media de los años 1860-2005 |
En el año 2047 la temperatura media del planeta superará a cualquiera registrada en la historia reciente. A partir de ese momento, hasta un año de los fríos será más cálido que cualquier año cálido del periodo 1860 a 2005. Esto sucederá si los países continúan emitiendo dióxido de carbono como lo hacen ahora. Y las nuevas temperaturas extremas no se producirán en el Ártico, sino en los trópicos, donde las personas, las plantas y los animales salvajes están menos preparados para adaptarse. Este inquietante análisis proviene de un nuevo y masivo estudio liderado por Camilo Mora de la Universidad de Hawaii en Manoa, publicado recientemente en Nature.
El informe comienza reconociendo que la temperatura anual media mundial fluctúa de año en año, aunque en general, lleva subiendo desde el comienzo de la revolución industrial. Si no se hace nada, la temperatura en 2047 superará incluso a la temperatura anual más alta conocida desde 1860 hasta 2005. Si se recortan de forma agresiva las emisiones, esa fecha se retrasará hasta 2069. Mora y sus colegas han utilizado datos de 39 modelos climáticos diferentes con dos escenarios diferentes: seguir como hasta ahora (lo que conduce a la fecha de 2049) y la mitigación agresiva de emisiones (la fecha de 2069). Esos dos mismos escenarios son las piedras angulares de la nueva evaluación del clima, publicada recientemente por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.
El equipo de Mora también estudió los efectos sobre otras seis variables: temperatura superficial del agua de mar, evaporación, flujo de calor, pH oceánico, precipitación y transpiración (humedad emitida por las plantas). Después generaron un mapa para cada variable mostrando la fecha de superación de la temperatura en todo el mundo.
Según Mora, el resultado más sorprendente es que "los efectos más tempranos y más extremos sucederán en los trópicos y no en el Ártico”, donde se centran nuestras preocupaciones. Esto se debe a que, en los trópicos, las variaciones naturales de las temperaturas del aire y del océano y de otras variables climáticas son muy pequeñas, por lo que cambios relativamente menores llevarán estas condiciones fuera de sus límites. Como resultado, dice Mora, las plantas y animales tropicales sufrirán un mayor stress, ya que las especies acostumbradas a vivir con fluctuaciones tan estrechas no podrán adaptarse con la suficiente rapidez a unos cambios climáticos rápidos y sin precedentes. En los trópicos viven la mayoría des las especies mundiales. Por lo que la biodiversidad global sufrirán un duro golpe.
En las latitudes tropicales se encuentran muchos de los países con ingresos más bajos, que probablemente deberán luchar para adaptarse al nuevo y extremado clima. El estudio concluyendo diciendo que "Esto sugiere que cualquier avance para reducir el ritmo del cambio climático en curso requerirá un mayor compromiso por parte de los países desarrollados para reducir sus emisiones, pero también requerirá una financiación más amplia de programas sociales y de conservación en los países en desarrollo, para reducir al mínimo el impacto del cambio climático".
Una cuestión interesante, sobre todo para los políticos, es saber si las fechas de 2047 y 2069 son seguras. Después de todo, esas fechas se obtienen con los datos de solo 145 años, los que van desde 1860 hasta 2005. Según Mora, la incertidumbre de los cálculos para el 2047 es de más/menos tres años y para el 2069 de aproximadamente cuatro años. Para una mayor rigurosidad, el equipo investigador hizo el mismo análisis empleando los últimos 1.000 años de temperaturas globales y encontró que cada una de las dos fechas aumentaba solo dos años. La razón, según Mora, es que en 145 años "hay los suficientes puntos extremos para producir una curva fiable a largo plazo".
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| Año en que la temperatura media del mar superará a la mayor temperatura media de los años 1860-2005 |
By the year 2047 the mean air temperature around the planet will shift completely out of the range seen in recent history. From that point on, even a cold year will be warmer than any warm year from 1860 to 2005 if nations continue to emit carbon dioxide the way they do now. And the new extreme temperatures—the new normal—will first occur not in the Arctic but in the tropics, where people, plants and wildlife are least equipped to adapt. That disquieting analysis comes from a massive new study led by Camilo Mora at the University of Hawaii at Mānoa, recently published in Nature.
The report begins with the recognition that the annual mean global air temperature fluctuates from year to year, even though it has been climbing overall since the industrial revolution began. If the world does nothing new, then the temperature by 2047 will exceed even the highest annual temperature from 1860 to 2005. If the world aggressively cuts back on emissions, then the date will be delayed until 2069. Mora and his colleagues crunched data from 39 different climate models that feed two future scenarios: business as usual (leading to the 2049 date) and aggressive mitigation (the 2069 date). The same two scenarios are cornerstones of the new climate assessment released recently by the International Panel on Climate Change.
Mora’s team also ran the exercise for six other variables: sea-surface water temperature, evaporation, heat flux, ocean pH, precipitation and transpiration (moisture emitted by plants). They then generated a map for each variable showing when the date of departure occurs for all places around the world.
The surprising revelation is that “the earliest and most extreme effects will happen in the tropics,” Mora says, and not in the Arctic, where so much concern is focused. That’s because the natural variation in air and ocean temperatures and other climate-related variables in the tropics is very small, so only relatively minor changes will push these conditions out of bounds. As a result, Mora says, tropical plants and animals will be stressed the most, because species accustomed to living within such narrow fluctuations will not be able to adapt quickly enough to such unprecedented and rapid climate changes. More of the world’s species live in the tropics than anywhere else, so global biodiversity will be hit hard.
Many of the world’s low-income nations are also located at tropical latitudes, and they are likely to struggle to adapt to the new extreme climate. As the paper concludes: “This suggests that any progress to decrease the rate of ongoing climate change will require a bigger commitment from developed countries to decrease their emissions but will also require more extensive funding of social and conservation programs in developing countries to minimize the impacts of climate change.”
One question for policy makers is whether the years 2047 and 2069 are firm transition points. After all, those departure dates are compared with only a 145-year period, from 1860 to 2005. Mora says the uncertainty of the calculations for 2047 is plus or minus three years and for 2069 is about four years. To add further rigor Mora’s team ran the same analysis against the last 1,000 years of global temperatures and found that each of the two temperature departure dates only increases by two years. The reason, Mora says, is that in 145 years “you pick up enough extremes to give a reliable long-term curve.”
Tomado de/Taken from Scientific American
Resumen de la publicación/Abstract of the paper
The projected timing of climate departure from recent variability
Camilo Mora, Abby G. Frazie, Ryan J. Longman, Rachel S. Dacks, Maya M. Walton, Eric J. Tong, Joseph J. Sanchez, Lauren R. Kaiser, Yuko O. Stender, James M. Anderson, Christine M. Ambrosino, Iria Fernandez-Silva, Louise M. Giuseffi and Thomas W. Giambelluca
Nature, 502, 183–187 (10 October 2013) doi:10.1038/nature12540
Abstract
Ecological and societal disruptions by modern climate change are critically determined by the time frame over which climates shift beyond historical analogues. Here we present a new index of the year when the projected mean climate of a given location moves to a state continuously outside the bounds of historical variability under alternative greenhouse gas emissions scenarios. Using 1860 to 2005 as the historical period, this index has a global mean of 2069 (±18 years s.d.) for near-surface air temperature under an emissions stabilization scenario and 2047 (±14 years s.d.) under a ‘business-as-usual’ scenario. Unprecedented climates will occur earliest in the tropics and among low-income countries, highlighting the vulnerability of global biodiversity and the limited governmental capacity to respond to the impacts of climate change. Our findings shed light on the urgency of mitigating greenhouse gas emissions if climates potentially harmful to biodiversity and society are to be prevented.
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CAMBIO CLIMÁTICO,
CAMBIO GLOBAL,
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GLOBAL WARMING
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Valladolid, España
sábado, 3 de agosto de 2013
La realidad del Calentamiento Global/The reality of Global Warming
Tomado directamente de la NASA:
¿Cómo ha cambiado la temperatura de la superficie de la Tierra? Para verlo, los científicos han recopilado las temperaturas registradas desde 1880 en más de 1000 estaciones meteorológicas en todo el mundo, y las han combinado con modernos datos satelitales. El video resume los resultando al mostrar los cambios de temperatura producidos a lo largo de 130 años, con respecto a los valores medios del siglo XX. En el mapa, rojo significa más caliente y azul más frío. La película demuestra que, en promedio, la temperatura superficial de la Tierra ha aumentado casi un grado Celsius (centígrado) a lo largo de 130 años, y que la mayoría de los años más cálidos registrados han sido los más recientes. El cambio climático global es más que un pasatiempo científico pasajero: está ligado al empeoramiento global del clima y al aumento de los niveles marinos costeros.
Sin comentarios...
Taken directly from NASA:
How has the surface temperature of Earth been changing? To help find out, Earth scientists collected temperature records from over 1000 weather stations around the globe since 1880, and combined them with modern satellite data. The above movie dramatizes the result showing 130 years of planet-wide temperature changes relative to the local average temperatures in the mid-1900s. In the above global maps, red means warmer and blue means colder. On average, the display demonstrates that the temperature on Earth has increased by nearly one degree Celsius over the past 130 years, and many of the warmest years on record have occurred only recently. Global climate change is of more than passing interest -- it is linked to global weather severity and coastal sea water levels.
No words required...
Tomado de/Taken from Nasa
Viñeta original de/Cartoon from Lemon
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CALENTAMIENTO GLOBAL,
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Ubicación:
Valladolid, España
domingo, 29 de abril de 2012
La salinidad de los océanos ha cambiado en los últimos cincuente años/Oceans' salinity changed over last half-century
Como se puede ver en la Figura de arriba, durante la segunda mitad del siglo XX algunas zonas del océano (en rojo) se hicieron más salinas mientras que otras (en azul) se hicieron más dulces, al aumentar la cantidad de agua que se evapora desde la superficie y cae en forma de lluvia.
La culpa podría ser del calentamiento del planeta. Las simulaciones llevadas a cabo en un estudio publicado en Science (27 de Abril) por Durack y col. sugieren que la evaporación y las precipitaciones aumentaron un 4 por ciento al aumentar medio grado centígrado la temperatura de la superficie. El aumento provocado es mayor del que que preveían anteriores estudios, pero encaja con la idea de que una atmósfera más cálida puede retener más humedad.
"Vemos grandes patrones generales de cambio", dice Paul Durack, oceanógrafo del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en California. "Las regiones en las que predominó la evaporación se hicieron más saladas, mientras que las regiones en los que predominó la lluvia el agua se hizo más dulce".
La medida de estos cambios globales en la evaporación y el ciclo de la lluvia en la Tierra, nunca ha sido fácil. Los pluviómetros terrestres o marinos suelen ser escasos y no siempre se conoce su posición exacta en décadas pasadas.
Según William Ingram, físico atmosférico en el Met Office Hadley Centre en Exeter y la Universidad de Oxford en Inglaterra, "la comparación de momentos diferentes momentos es difícil ya que tenemos más y mejores datos para los últimos tiempos.”. Según este mismo experto, la salinidad del océano proporciona una formar bastante estable y fiable para medir la cantidad de agua que entra y sale del mismo. Las pequeñas fluctuaciones que se producen en la evaporación y la precipitación, tienden a ser suavizadas con el tiempo, permitiendo así los científicos encontrar tendencias a largo plazo.
El equipo de Durack analizó 1,7 millones de medidas de salinidad realizadas desde barcos durante la segunda mitad del siglo XX. Otros investigadores ya habían visto patrones de cambio en estos datos, pero Durack y sus colaboradores and reforzado la imagen. Una red de boyas autónomas desplegadas en el siglo XXI ha ayudado a rellenar los vacíos en el registro, sobre todo en latitudes altas, en las que las tormentas invernales impiden entrar a los barcos.
Mientras que el aumento de los niveles de gases con efecto invernadero continúe calentando la Tierra, el ciclo del agua será más rápido. Se estima que cada grado extra aumentará un 8 por ciento la cantidad de agua movida.
Y lo que ocurre en los océanos no se queda en los océanos. El ciclo que tiene lugar sobre el agua se extiende sobre la tierra. Según Durack, las zonas del mundo áridas, como Australia, serán probablemente más secas en el futuro, mientras que los lugares húmedos serán más húmedos.
As it can be seen in the first Figure, over the second half of the 20th century, parts of the world’s ocean became saltier (red) and parts became fresher (blue) as the amount of water evaporating from the surface and falling as rain increased.
A warming planet may to blame. Simulations in the new study published by Durack et col. in Science suggest evaporation and rainfall got a 4 percent boost as surface temperatures rose half a degree Celsius. That boost is a bigger change than previous studies had suggested, but fits with the idea that a warmer atmosphere can hold more moisture.
“We see big broad patterns of change,” says Paul Durack, an oceanographer at the Lawrence Livermore National Laboratory in California. “Regions dominated by evaporation became saltier, while regions dominated by rainfall became fresher.”
Measuring such global changes in Earth’s evaporation and rain cycle has never been easy. Rain gauges on land or at sea tend to be sparsely distributed, and the exact positions of such instruments decades ago isn’t always known.
“Comparing different times gets difficult because you typically have more and better data for the later times,” says William Ingram, an atmospheric physicist at the Met Office Hadley Centre in Exeter and the University of Oxford in England. Ocean salinity provides a fairly stable, reliable way to measure how much water goes up and comes down, says Ingram. Small fluctuations in evaporation and rainfall tend to get smoothed out over time, helping scientists to tease out long-term trends.
Durack’s team analyzed 1.7 million salinity measurements made by ships during the second half of the 20th century. Other researchers had already seen patterns of change in these data, but Durack and his colleagues sharpened the picture. A network of autonomous buoys deployed in the 21st century helped to fill in gaps in the record, particularly in high latitudes where winter storms keep ships away.
As rising greenhouse gas levels continue to warm Earth, the water cycle will churn even harder. Every extra degree is estimated to increase the amount of water moving around by 8 percent.
And what happens in the oceans doesn’t stay in the oceans. The cycle that occurs over water extends over land as well. Dry lands across the globe — Australia, for instance — will probably get drier in the future, as wet places get even wetter, says Durack.
Tomado de/Taken from Science News
La Figura central está tomada del material suplementario libre/Central Figure taken from the free Supplementary material
Resumen de la publicación/Abstract del paper
Paul J. Durack, Susan E. Wijffels and Richard J. Matear
Ocean salinities reveal strong global water cycle intensification during 1950 to 2000, Science, 336, 455-458 (2012)
DOI: 10.1126/science.1212222
Abstract
Fundamental thermodynamics and climate models suggest that dry regions will become drier and wet regions will become wetter in response to warming. Efforts to detect this long-term response in sparse surface observations of rainfall and evaporation remain ambiguous. We show that ocean salinity patterns express an identifiable fingerprint of an intensifying water cycle. Our 50-year observed global surface salinity changes, combined with changes from global climate models, present robust evidence of an intensified global water cycle at a rate of 8 ± 5% per degree of surface warming. This rate is double the response projected by current-generation climate models and suggests that a substantial (16 to 24%) intensification of the global water cycle will occur in a future 2° to 3° warmer world.
La culpa podría ser del calentamiento del planeta. Las simulaciones llevadas a cabo en un estudio publicado en Science (27 de Abril) por Durack y col. sugieren que la evaporación y las precipitaciones aumentaron un 4 por ciento al aumentar medio grado centígrado la temperatura de la superficie. El aumento provocado es mayor del que que preveían anteriores estudios, pero encaja con la idea de que una atmósfera más cálida puede retener más humedad.
"Vemos grandes patrones generales de cambio", dice Paul Durack, oceanógrafo del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en California. "Las regiones en las que predominó la evaporación se hicieron más saladas, mientras que las regiones en los que predominó la lluvia el agua se hizo más dulce".
La medida de estos cambios globales en la evaporación y el ciclo de la lluvia en la Tierra, nunca ha sido fácil. Los pluviómetros terrestres o marinos suelen ser escasos y no siempre se conoce su posición exacta en décadas pasadas.
Según William Ingram, físico atmosférico en el Met Office Hadley Centre en Exeter y la Universidad de Oxford en Inglaterra, "la comparación de momentos diferentes momentos es difícil ya que tenemos más y mejores datos para los últimos tiempos.”. Según este mismo experto, la salinidad del océano proporciona una formar bastante estable y fiable para medir la cantidad de agua que entra y sale del mismo. Las pequeñas fluctuaciones que se producen en la evaporación y la precipitación, tienden a ser suavizadas con el tiempo, permitiendo así los científicos encontrar tendencias a largo plazo.
El equipo de Durack analizó 1,7 millones de medidas de salinidad realizadas desde barcos durante la segunda mitad del siglo XX. Otros investigadores ya habían visto patrones de cambio en estos datos, pero Durack y sus colaboradores and reforzado la imagen. Una red de boyas autónomas desplegadas en el siglo XXI ha ayudado a rellenar los vacíos en el registro, sobre todo en latitudes altas, en las que las tormentas invernales impiden entrar a los barcos.
Mientras que el aumento de los niveles de gases con efecto invernadero continúe calentando la Tierra, el ciclo del agua será más rápido. Se estima que cada grado extra aumentará un 8 por ciento la cantidad de agua movida.
Y lo que ocurre en los océanos no se queda en los océanos. El ciclo que tiene lugar sobre el agua se extiende sobre la tierra. Según Durack, las zonas del mundo áridas, como Australia, serán probablemente más secas en el futuro, mientras que los lugares húmedos serán más húmedos.
As it can be seen in the first Figure, over the second half of the 20th century, parts of the world’s ocean became saltier (red) and parts became fresher (blue) as the amount of water evaporating from the surface and falling as rain increased.
A warming planet may to blame. Simulations in the new study published by Durack et col. in Science suggest evaporation and rainfall got a 4 percent boost as surface temperatures rose half a degree Celsius. That boost is a bigger change than previous studies had suggested, but fits with the idea that a warmer atmosphere can hold more moisture.
“We see big broad patterns of change,” says Paul Durack, an oceanographer at the Lawrence Livermore National Laboratory in California. “Regions dominated by evaporation became saltier, while regions dominated by rainfall became fresher.”
Measuring such global changes in Earth’s evaporation and rain cycle has never been easy. Rain gauges on land or at sea tend to be sparsely distributed, and the exact positions of such instruments decades ago isn’t always known.
“Comparing different times gets difficult because you typically have more and better data for the later times,” says William Ingram, an atmospheric physicist at the Met Office Hadley Centre in Exeter and the University of Oxford in England. Ocean salinity provides a fairly stable, reliable way to measure how much water goes up and comes down, says Ingram. Small fluctuations in evaporation and rainfall tend to get smoothed out over time, helping scientists to tease out long-term trends.
Durack’s team analyzed 1.7 million salinity measurements made by ships during the second half of the 20th century. Other researchers had already seen patterns of change in these data, but Durack and his colleagues sharpened the picture. A network of autonomous buoys deployed in the 21st century helped to fill in gaps in the record, particularly in high latitudes where winter storms keep ships away.
As rising greenhouse gas levels continue to warm Earth, the water cycle will churn even harder. Every extra degree is estimated to increase the amount of water moving around by 8 percent.
And what happens in the oceans doesn’t stay in the oceans. The cycle that occurs over water extends over land as well. Dry lands across the globe — Australia, for instance — will probably get drier in the future, as wet places get even wetter, says Durack.
Tomado de/Taken from Science News
La Figura central está tomada del material suplementario libre/Central Figure taken from the free Supplementary material
Resumen de la publicación/Abstract del paper
Paul J. Durack, Susan E. Wijffels and Richard J. Matear
Ocean salinities reveal strong global water cycle intensification during 1950 to 2000, Science, 336, 455-458 (2012)
DOI: 10.1126/science.1212222
Abstract
Fundamental thermodynamics and climate models suggest that dry regions will become drier and wet regions will become wetter in response to warming. Efforts to detect this long-term response in sparse surface observations of rainfall and evaporation remain ambiguous. We show that ocean salinity patterns express an identifiable fingerprint of an intensifying water cycle. Our 50-year observed global surface salinity changes, combined with changes from global climate models, present robust evidence of an intensified global water cycle at a rate of 8 ± 5% per degree of surface warming. This rate is double the response projected by current-generation climate models and suggests that a substantial (16 to 24%) intensification of the global water cycle will occur in a future 2° to 3° warmer world.
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viernes, 30 de diciembre de 2011
La venganza de Edison/Edison's revenge
Al comienzo del siglo XX, los inventores Thomas Alva Edison y Nikola Tesla se enfrentaron en la “Guerra de las corrientes”
El inventor americano, que había logrado fabricar la primera lámpara incandescente viable, utilizó corriente continua (direct current en inglés) para construir el primer sistema mundial de distribución eléctrica en Nueva York. Su principal desventaja es que no podía llevar la electricidad más allá de unas pocas manzanas. Su rival serbio, Tesla, que trabajó en un tiempo con Edison, inventó la forma de utilizar corriente alterna (alternating current) empleando transformadores para aumentar el voltaje y transmitir la electricidad a mayores distancias. Al final este fue el sistema adoptado y por más de un siglo, la energía que llegaba a los enchufes de nuestras casas lo ha hecho como corriente alterna, pero ahora la corriente continua está de vuelta.
La principal demanda proviene de la necesidad de conservar la energía y de producirla mediante fuentes renovables. La corriente alterna se produce en máquinas rotatorias, turbinas, pero las fuentes renovables, como la eólica o la solar, originan corriente continua, que debido a la estructura de la red eléctrica de nuestros hogares, debe ser transformada en alterna para poder ser utilizada.
Otro factor nuevo es la llegada de los semiconductores, que necesitan corriente continua y que están cada vez más presentes en los electrodomésticos. Estos últimos precisan convertir la corriente en continua, lo que es un derroche energético y genera calor. Al comienzo de la industrialización, esto no era un problema, pero se está convirtiendo en algo importante, especialmente en la industria cada vez más importante de la computación en red.
La corriente continua podría ser una manera de aumentar la eficiencia y reducir las emisiones de carbono. Según la empresa sueco-suiza ABB, se envían en el mundo más de 300.000 millones de e-mails y 250.000 tweets. Los centros de datos que manejan esto están creciendo a un 10% anual y consumen más de 80 millones de Megavatios-hora, casi vez y media la cantidad total de electricidad que gasta la ciudad de Nueva York y emiten alrededor del 2% del dióxido de carbono global. La corriente continua podría ayudar.
Además de su potencial para centros de datos, la corriente continua es interesante para micro-redes, es decir sistemas de distribución que podrían operar independientemente en el caso de un fallo de la red general, y que son muy interesantes para gobiernos y militares muy atentos a la posibilidad de ataques terroristas.
Además de estas redes isla, y gracias a la electrónica de potencia, la corriente continua puede ser transmitida a alto voltaje a distancias más largas, mayores que la corriente alterna por cable, aéreo o submarino. Los sistemas de corriente continua de alto voltaje (High voltage direct current HVDC) conforman el esqueleto de las redes inteligentes, o super-redes, que llevarán la energía de lugares en los que las energía solar o hidroeléctrica son abundantes a países en los que es escasa.
Hay muchos obstáculos para estos desarrollos: temores a los daños ambientales, falta de estándares, miedo a los altos voltajes o limitaciones prácticas como la falta de cable. El dinero podría ser también un problema si no mejora el clima económico. Países como Holanda o España han recortado ya gastos en proyectos de energías renovables, pero se espera que en los próximos veinte años, las redes de corriente continua sean un complemento evolutivo a las de corriente alterna.
Quizás Edison no estuviera equivocado.
At the start of the 20th century, inventors Thomas Alva Edison and Nikola Tesla clashed in the "war of the currents."
The American inventor, who made the first viable incandescent light bulb, also built the world's first electrical distribution system, in New York, using "direct current" electricity. DC's disadvantage was that it couldn't carry power beyond a few blocks. His Serbian-born rival Tesla, who at one stage worked with Edison, figured out how to send "alternating current" through transformers to enable it to step up the voltage for transmission over longer distances. At last AC became the accepted form to carry electricity in mains systems and for most of the last century, the power that has reached the sockets in our homes and businesses is alternating current, but now DC is making a comeback.
The main factor driving demand is the need to conserve energy and produce more of it from renewable sources. Alternating current is generated by rotating engines, but renewable sources such as wind and solar produce DC power. To use it, because of the way our buildings are wired, we first convert it to AC.
Another new thing is the advent of the semiconductor. Semiconductors need DC power, and are increasingly found in household appliances. These have to convert the AC supply back to DC, which is a waste of energy and generates heat. In the early years of industrialization this wasn't an issue, but today it's important, especially in the huge and fast-growing business of cloud computing.
Direct current may be one way to increase efficiency and reduce carbon emissions. Every day, says the Swiss-Swedish engineering firm ABB, we all send more than 300 billion emails and 250 million tweets globally. The centers to handle all this data are growing by 10 percent each year and already consume 80 million megawatt-hours of energy annually -- almost 1.5 times the amount of electricity used by the whole of New York City. They're also responsible for about 2 percent of global carbon emissions. DC power could help
Beyond its potential in data centers, DC power's ability to run on independent distribution networks known as microgrids, able to be independently used in case of a supply failure of the general network, that have a particular interest to governments and militaries who worry about terrorist attacks.
And it's not just "island mode." Thanks to power DC can now be transmitted at high voltage over very long distances, longer than AC. It can be easily used in cables, over ground or under the sea. High voltage direct current (HVDC) systems are the backbone of plans for smart grids, or supergrids, which aim to channel energy from places where power sources such as sunlight and hydropower are abundant to countries where it is scarce.
There are plenty of obstacles to all these development: environmental fears, lack of standards, public fears about the high voltage, and practical limitations, such as a shortage of cable-making capacity. Cash may also be a constraint, if the economic climate does not improve. Countries such as Spain and the Netherlands have already cut subsidies to renewable energy projects. However, it is expected DC to become "an evolutionary add-on" to AC grids over the next 20 years.
Maybe Edison would not be mistaken
Tomado de/Taken from Reuters
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CAMBIO GLOBAL,
ECOLOGIA,
ECOLOGY,
GLOBAL CHANGE
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Valladolid, España
martes, 6 de diciembre de 2011
La captura de CO2 podría ser demasiado costosa para combatir el cambio climático/Capturing CO2 Too Costly to Combat Climate Change?
Una de las estrategias propuestas para combatir el cambio climático, en lo referente al aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, consiste sencillamente en eliminarlo de la misma. Pero un nuevo estudio sugiere que esta solución no es económica ni práctica.
Antes de que la actividad industrial comenzara a arrojar a la atmósfera dióxido de carbono, a partir de la mitad del siglo XVIIII, la concentración de este gas en la atmósfera era alrededor de 280 partes por millón (ppm). Hoy día excede las 390 ppm y sigue aumentando a razón de 2 ppm por año. Algunos científicos han sugerido que en vez de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero cambiando a fuentes neutras desde el punto de vista del carbono: eólicas, solares o nucleares, y dejando que la vegetación y los océanos absorban gradualmente el dióxido de carbono, la humanidad podría disminuir esas concentraciones más rápidamente, eliminando de forma activa el dióxido de carbono del aire.
Para ello se podrían dejar enormes depósitos abiertos conteniendo una disolución de hidróxido sódico, o potásico, o aminas. O bien se podría forzar a que el aire cargado de CO2 burbujeara a través de dichos depósitos. De esa manera, el gas quedaría fijado como carbonato. Al calentar esos compuestos se liberaría de nuevo el dióxido de carbono inyectándolo en el subsuelo debajo de rocas impermeables, igual que están los depósitos naturales de crudo o de gas natural. Estas estrategias conforman lo que se ha llamado Geoingeniería, con la cual algunos científicos esperan detener el calentamiento global.
Estudios anteriores cifraban el gasto en unos cuantos cientos de euros por tonelada métrica de dióxido de carbono, de manera que los 33.500 millones de toneladas generadas por la actividad industrial podrían eliminarse con cerca de 10 billones de dólares, un coste tremendo pero económicamente viable. No obstante, un nuevo estudio publicado online por Kurt House y colaboradores , en los Proceedings of the National Academy of Sciences sugiere que el coste por tonelada sería mucho más caro, cerca de 1100 dólares por tonelada.
Eso significa que se gastarían al menos 33 billones de dólares solo para mantener los niveles actuales, pero uno vez capturado debría gastarse energía para comprimirlo en forma líquida y almacenarlo. Y excepto que la energía empleada en estos procesos no produzca ella misma CO2, el resultado neto sería aumentar la concentración de dicho gas y no disminuirla.
Según otros expertos como Robert Socolow, físico de la Universidad de Princeton, está claro que a día de hoy “el proceso sería caro y que aún no se sabe cómo llevarlo a cabo a bajo coste, pero hay trabajo por hacer para reducir los costes de forma significativa”
David Keith, físico de la Universidad de Harvard y presidente de una compañía que desarrolla dicha tecnología, opina que hay mucha incertidumbre asociada con las técnicas empleadas por House y colaboradores, con lo que el coste por tonelada podría oscilar entre 100 y varios miles de dólares. Añade que “en este momento, la captura de carbono es un solo un concepto../... Para saber lo que cuesta, alguien tendría que hacerlo”.
House y sus colegas opinan que a corto plazo es mejor dejar de emitir CO2 en primer lugar. Entre ahora y 2050 , se podrían capturar las emisiones de carbono utilizando técnicas tales como eliminándolo antes de que deje las chimeneas con un coste de menos de 300 dólares por tonelada. Pero la mejor manera, sugieren muchos, es sencillamente encontrar fuentes de energía más ecológicas.
Since a buildup of humanmade carbon dioxide is causing the planet to warm, why not just suck this greenhouse gas straight out of the atmosphere? That's one strategy scientists have proposed to combat climate change. But a new analysis suggests that the approach may be neither economical nor practical.
Before widespread industrial activity began spewing CO2 into the air in the mid-1700s, atmospheric concentrations of the gas were around 280 parts per million (ppm). They now exceed 390 ppm and are growing rapidly, about 2 ppm per year. Rather than reducing emissions of the greenhouse gas by shifting to carbon-neutral sources of energy—wind, solar, and nuclear power, for example—and then letting vegetation and the oceans gradually absorb CO2 in the long term, humans could lower concentrations more rapidly by actively pulling CO2 from the air, some scientists have suggested.
In such a scheme, researchers would leave large vats out in the open, filled with solutions of sodium hydroxide, potassium hydroxide, or chemicals called amines. Or, the CO2-laden air could be forcefully bubbled through such reservoirs. When CO2 in the air reacts with these solutions, it becomes trapped in carbonate-rich compounds. Scientists can later heat these compounds and release the CO2 and dispose of it, typically by injecting it into deep geologic formations beneath impermeable rock, such as natural reservoirs of oil and natural gas. This strategy and many similar others, are part of a suite of ideas, dubbed Geoengineering, in which scientists hope to use technology to curb global warming.
Previous studies have hinted that capturing CO2 directly from the air could cost a few hundred dollars per metric ton of CO2 so it would total cost $10 trillion to completely counteract the estimated 33.5 billion tons of CO2 emissions generated by humans—a tremendous cost, yet one that is still economically viable. But Kurt House and his colleagues suggest online in the Proceedings of the National Academy of Sciences that the cost per ton of CO2 may actually be much more expensive, around $1100 per ton.
That's a total price tag of at least $33 trillion just to hold atmospheric concentrations of CO2 steady Then, once the gas is captured, even more energy must be expended to compress the gas into a liquid and then dispose of it. And unless the energy needed to drive these processes are carbon-neutral—that is, unless they produce no CO2 emissions of their own—the net result might add CO2 to the atmosphere, not reduce it.
Other experts, such as Robert Socolow, a physicist at Princeton University, say that “this [carbon-capture] process would be expensive now…./… we don't know how to do this at low cost, but there's work that can be done that might reduce costs significantly”
David Keith, a physicist at Harvard University and president of a start-up company developing such technology, says that the there is a lot of uncertainty associated with the analytical techniques used by House and his colleagues so the costs per ton could range anywhere from several thousand dollars to as low as $100. He adds that, "at this point, carbon capture [from ambient air] is a very conceptual environment…/…To really know what it costs, someone actually has to build it."
House and his colleagues note that for the near future, it's probably better to avoid releasing CO2 into the atmosphere in the first place. Between now and 2050, they say, carbon emissions can be captured—using more-developed techniques such as scrubbing the gas before it ever leaves the smokestack, for instance—for less than $300 per ton. But the best approach, many suggest, is simply to find greener sources of energy.
Tomado de/Taken from Science
Resumen de la publicación/Abstract of the paper
Economic and energetic analysis of capturing CO2 from ambient air Kurt Zenz House, Antonio C. Baclig, Manya Ranjan, Ernst A. van Nierop, Jennifer Wilcox and Howard J. Herzog
Published online before print December 5, 2011, doi: 10.1073/pnas.1012253108
Abstract
Capturing carbon dioxide from the atmosphere (“air capture”) in an industrial process has been proposed as an option for stabilizing global CO2 concentrations. Published analyses suggest these air capture systems may cost a few hundred dollars per tonne of CO2, making it cost competitive with mainstream CO2 mitigation options like renewable energy, nuclear power, and carbon dioxide capture and storage from large CO2 emitting point sources. We investigate the thermodynamic efficiencies of commercial separation systems as well as trace gas removal systems to better understand and constrain the energy requirements and costs of these air capture systems. Our empirical analyses of operating commercial processes suggest that the energetic and financial costs of capturing CO2 from the air are likely to have been underestimated. Specifically, our analysis of existing gas separation systems suggests that, unless air capture significantly outperforms these systems, it is likely to require more than 400 kJ of work per mole of CO2, requiring it to be powered by CO2-neutral power sources in order to be CO2 negative. We estimate that total system costs of an air capture system will be on the order of $1,000 per tonne of CO2, based on experience with as-built large-scale trace gas removal system
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CALENTAMIENTO GLOBAL,
CAMBIO CLIMÁTICO,
EFECTO INVERNADERO/GREENHOUSE EFFECT,
GLOBAL CHANGE
Ubicación:
Valladolid, España
domingo, 23 de octubre de 2011
Más evidencias del calentamiento global/More evidences for the global warming
Una argumentación muy frecuente contra el calentamiento global es que el clima ha cambiado siempre y que las temperaturas suben a veces, y que todo es perfectamente natural.
Sin embargo, Svante Björck, que investiga el clima en la Universidad de Lund (Suecia) ha demostrado que el calentamiento global, es decir el aumento simultáneo de temperaturas en los hemisferios norte y sur, no ha tenido lugar en los últimos 20.000 años (14.000 más que en los estudios anteriores) , que es lo más lejos que podemos analizar con suficiente precisión para comparar con lo que ocurre en la actualidad.
Empleando los archivos climáticos, presentes en un gran número de publicaciones científicas, Svante Björck ha buscado evidencias de eventos climáticos que generaran efectos similares simultáneamente en los hemisferios norte y sur. No ha tenido lugar ninguno desde el final de la última Edad de Hielo hace 20.000 años. Al contrario, parece que cuando, por ejemplo, la temperatura aumenta en un hemisferio, disminuye o no cambia en el otro.
A modo de ejemplo, consideremos la Pequeña Edad de Hielo (LIA) que tuvo lugar en los siglos XVII, XVIII y XIX y durante la cual Europa sufrió algunas de las temperaturas más bajas registradas. Los contrarios al cambio climático, la presentan como un ciclo frío natural que siguió al Periodo de Calentamiento Medieval (MWP) como se muestra en la Figura adjunta. Pero esos datos se refieren únicamente al hemisferio norte. Resulta evidente que el intenso frío tuvo graves consecuencias para la agricultura, las economías de los estados y el transporte en el norte, no hay evidencia de cambios y efectos simultáneos similares en el hemisferio sur. Los archivos climáticos, muestras de sedimentos marinos y lacustres y de hielo de glaciares, que muestran como han variado a lo largo de la historia la temperatura, las precipitaciones y la concentración de gases atmosféricos están repletos de ejemplos similares.
Por el contrario, durante los periodos de ‘calma’, cuando el sistema climático está influido por procesos externos, los investigadores pueden ver que las señales climáticas de los archivos muestran tendencias similares en ambos hemisferios. Según Svante Björck, “esto puede suceder, por ejemplo, cuando un asteroide impacta la tierra o después de una erupción volcánica violenta cuando las cenizas se esparcen por todo el planeta. En estos casos, vemos efectos similares simultáneos en todo el mundo”
El Profesor Björck encuentra paralelismos en la situación actual. Los nivles de gases de efecto invernadero están aumentando muy rápidamente en la actualidad y el calentamiento global tienen lugar al mismo tiempo, y concluye “Mientras no encontremos evidencias de cambios climáticos anteriores que condujeran a efectos similares y simultáneos a escala global, debemos considerar el actual cambio climático como una excepción, causada por la influencia humana en el ciclo del carbono”.
A common argument against global warming is that the climate has always varied. Temperatures rise sometimes and this is perfectly natural is the usual line.
However, Svante Björck, a climate researcher at Lund University in Sweden, has now shown that global warming, i.e. simultaneous warming in the northern and southern hemispheres, have not occurred in the past 20 000 years (14 000 years further back in time than previous studies) which is as far back as it is possible to analyze with sufficient precision to compare with modern developments.
Going through the global climate archives, present in a large number of research publications, Svante Björck has looked for evidence of climate events generating similar effects on both the northern and southern hemispheres simultaneously. None has occurred since the end of the last Ice Age 20 000 years ago. On the contrary, it seems that, for example, the temperature rises in one hemisphere, it falls or remains unchanged in the other.
As an example, let us take the Little Ice Age (LIA), which took place between the years 1600 and 1900. Europe experienced some of its coldest centuries. The people and researchers against the global warming, present LIA as a natural cold cycle following the Medieval Warming Period (MWP) as can be seen in the joint Figure. But these data refer only to the northern hemisphere. It is evident that the extreme cold had serious consequences for agriculture, state economies and transport in the north, there is no evidence of corresponding simultaneous temperature changes and effects in the southern hemisphere. The climate archives, in the form of core samples taken from marine and lake sediments and glacier ice, serve as a record of how temperature, precipitation and concentration of atmospheric gases and particles have varied over the course of history, and are full of similar examples.
Instead it is during ‘calmer’ climatic periods, when the climate system is influenced by external processes, that the researchers can see that the climate signals in the archives show similar trends in both hemispheres. “This could be, for example, at the time when an asteroid hits the earth or after a violent volcanic eruption when ash is spread across the globe. In these cases we can see similar effects around the world simultaneously”, says Svante Björck.
Professor Björck draws parallels to today’s situation. The levels of greenhouse gases in the atmosphere are currently changing very rapidly. At the same time, global warming is occurring, and concludes “As long as we don’t find any evidence for earlier climate changes leading to similar simultaneous effects on a global scale, we must see today’s global warming as an exception caused by human influence on the earth’s carbon cycle”.
A very interesting interview to Svante Björck (in english only)
Tomado de/Taken from of Lund University
Resumen de la publicación/Abstract of the paper
Current global warming appears anomalous in relation to the climate of the last 20000 years
Svante Björck
Clim Res 48 (2011) 5-11 (available on line)
ABSTRACT: To distinguish between natural and anthropogenic forcing, the supposedly ongoing global warming needs to be put in a longer, geological perspective. When the last ca. 20000 yr of climate development is reviewed, including the climatically dramatic period when the Last Ice Age ended, the Last Termination, it appears that the last centuries of globally rising temperatures should be regarded as an anomaly. Other, often synchronous climate events are not expressed in a globally consistent way, but rather are the expression of the complexities of the climate system. Due to the often poor precision in the dating of older proxy records, such a statement will obviously be met with some opposition. However, as long as no globally consistent climate event prior to today’s global warming has been clearly documented, and considering that climate trends during the last millennia in different parts of the world have, in the last century or so, changed direction into a globally warming trend, we ought to regard the ongoing changes as anomalies, triggered by anthropogenically forced alterations of the carbon cycle in the general global environment.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Abiertas rutas en el Artico/Arctic shipping routes open
Las observaciones de satélite muestran que se avecina otro año con menos cubierta de hielo en el Ártico de lo habitual. El deshielo durante los meses de verano ha abierto dos grandes vías para la navegación en el Océano Ártico.
En 2008 los satélites fueron testigo de la apertura simultánea del Pasaje del Noroeste y la Ruta del Mar del Norte por primera vez desde que comenzaron las observaciones de satélite, en los años setenta; ahora ha ocurrido de nuevo.
La Ruta del Mar del Norte, por encima de Rusia –también conocida como Paso del Noreste- ha estado abierta al tráfico marítimo desde mediados de agosto; ahora parece estarlo también el Pasaje Noroeste, según revelan observaciones recientes de satélite.
Situado en el Archipiélago Ártico Canadiense, el Pasaje del Noroeste puede ser un atajo para la navegación entre Europa y Asia. Sin embargo, la apertura de esta ruta trae consigo potenciales reclamaciones de soberanía y la posibilidad de que especies marinas migren a través del Océano Ártico.
En 2007 la cubierta helada en el Ártico batió el récord de escasez en casi tres décadas, desde el comienzo de las medidas con satélites. Ese mismo año se abrió por primera vez el pasaje del Noroeste, históricamente no navegable.
Las inusuales condiciones climáticas contribuyeron a la pérdida récord de hielo en 2007: el viento llevó aire caliente a la región central del océano Ártico, lo que provocó un fuerte deshielo.
El clima no se ha comportado igual este año, pero la temprana apertura de las vías de navegación sugiere que podríamos estar a punto de batir un nuevo récord de pérdida de hielo.
“Aún faltan tres o cuatro semanas para alcanzar el mínimo de la cubierta de hielo, y lo que ocurra dependerá mucho de las condiciones climáticas en el Ártico estas semanas”, dice Toudal Pedersen, investigador del Instituto Meteorológico Danés.
“Pero tanto si alcanzamos un mínimo absoluto como si no, este año se confirma que estamos en una nueva etapa, con mucho menos hielo que antes durante el verano.
“Los últimos cinco veranos hemos tenido las cubiertas heladas más escasas jamás registradas”.
Cada año, sobre el océano Ártico se forma una gran cubierta de hielo flotante que después se derrite, pero la velocidad a la que se produce el deshielo se ha acelerado.
Durante los últimos 30 años los satélites que observan el Ártico han sido testigo de reducciones en la cubierta mínima de hielo al final del verano: de los 8 millones de kilómetros cuadrados a principios de los años ochenta, al mínimo histórico de menos de 4,24 millones de kilómetros cuadrados en 2007.
Antes de la llegada de los satélites era muy complicado hacer mediciones del hielo marino: no sólo es difícil llegar al Ártico, sino que en la región es frecuente el mal tiempo y la oscuridad se prolonga durante largos periodos.
Los radares en los satélites de observación de la Tierra, como Envisat, de la ESA, están especialmente preparados para vigilar las regiones polares porque pueden tomar imágenes independientemente de las nubes y de la oscuridad.
En las próximas semanas la ESA seguirá vigilando la situación en el Ártico con sus satélites Envisat, CryoSat y SMOS.
Satellite measurements show we are heading for another year of below-average ice cover in the Arctic. As sea ice melts during the summer months, two major shipping routes have opened in the Arctic Ocean. In 2008 satellites saw that the Northwest Passage and the Northern Sea Route were open simultaneously for the first time since satellite measurements began in the 1970s – and now it has happened again.
While the Northern Sea Route above Russia also known as the Northeast Passage has been open to shipping traffic since mid-August, recent satellite data show that the most direct course in the Northwest Passage now appears to be navigable as well.
Located in the Canadian Arctic Archipelago, the Northwest Passage can be a short cut for shipping between Europe and Asia – but with the opening of the sea route comes the potential for both sovereignty claims and marine species migration across the Arctic Ocean.
In 2007, Arctic sea ice hit a record low since satellite measurements began nearly 30 years before. That same year, the historically impassable Northwest Passage opened for the first time.
Unusual weather contributed to 2007’s record ice loss: skies opened over the central Arctic Ocean and wind patterns pushed warm air into the region, promoting a strong melt.
Weather patterns have been different this year, but the early opening of the passages indicates that we could be about to hit a new record low in ice cover.
Open Northern Sea Route
“The minimum ice extent is still three to four weeks away, and a lot depends on the weather conditions over the Arctic during those weeks,” says Leif Toudal Pedersen, a senior scientist at the Danish Meteorological Institute.
“Whether we reach an absolute minimum or not, this year again confirms that we are in a new regime with substantially less summer ice than before.
“The last five summers ar11:39 05/09/2011e the five minimum ice extent summers on record.”
Every year, the Arctic Ocean experiences the formation and then melting of vast amounts of floating ice, but the rate of overall loss has accelerated.
During the last 30 years, satellites observing the Arctic have witnessed reductions in the minimum ice extent at the end of summer from around 8 million sq km in the early 1980s to the historic minimum of less than 4.24 million sq km in 2007.
Before the advent of satellites, obtaining measurements of sea ice was difficult: the Arctic is both inaccessible and prone to long periods of bad weather and extended darkness.
Radars on Earth observation satellites such as ESA’s Envisat are particularly suited to monitoring polar regions because they can acquire images through clouds and darkness.
In the coming weeks, ESA will continue to monitor the situation in the Arctic with its Envisat, CryoSat and SMOS satellites.
Tomado de ESA/Taken from ESA
Tomado de ESA/Taken from ESA
sábado, 18 de septiembre de 2010
Aniversario del Protocolo de Montreal/Anniversary of the Montreal Protocol

El Protocolo de Montreal es un tratado internacional diseñado para proteger la capa de ozono reduciendo la producción y el consumo de las sustancias responsables del la reducción la capa de ozono. El acuerdo estuvo a la firma a partir del 16 de septiembre de 1987 y entró en vigor el 1º de enero de 1989, habiendo sido revisado y actualizado en diferentes ocasiones. Se cree que si todos los países cumplen con los objetivos propuestos dentro del tratado, la capa de ozono podría haberse recuperado para el año 2050. Debido al alto grado de aceptación e implementación que se ha logrado, el tratado ha sido considerado como un ejemplo excepcional de cooperación internacional, habiendo sido ratificado por 196 estados.
Desde su entrada en vigor, las concentraciones atmosféricas de los clorofluorocarbonos (CFC) más importantes y los hidrocarburos clorados se han estabilizado o se ha reducido. La concentración de halones ha continuado en aumento a medida los halones que se encuentran almacenados en los extintores de incendio es liberados. Sin embargo, la tasa de aumento ha disminuido y se espera que comience a declinar su presencia hacia el 2020. La concentración de los hidroclorofluorocarburos (HCFC) que los sustituyen transitoriamente ha aumentado significativamente, en gran parte debido a los múltiples usos en los que reemplazan a los CFC (por ejemplo, como disolventes o refrigerantes). Dado que los HCFC, menos peligrosos para el ozono, parecen contribuir de forma significativa al efecto invernadero aumentando el calentamiento global, deberían también ser objeto de una similar prohibición en el futuro.
No obstante este peligro, el Protocolo de Montreal puede ser considerado el acuerdo ambiental internacional más exitoso del mundo hasta la fecha, y un ejemplo de que las tendencias medioambientales pueden invertirse aplicando politicas medioambientales activas.
The Montreal Protocol is an international treaty designed to protect the ozone layer by phasing out the production of numerous substances responsible for ozone depletion. The treaty was opened for signature on September 16, 1987, entered into force on January 1, 1989, and has been revised and actualized in several occasions. It is believed that if the international agreement is adhered to, the ozone layer is expected to recover by 2050. Due to its widespread adoption and implementation it has been hailed as an example of exceptional international co-operation. It has been ratified by 196 states.
Since the Montreal Protocol came into effect, the atmospheric concentrations of the most important chlorofluorocarbons (CFCs) and related chlorinated hydrocarbons have either leveled off or decreased. Halon concentrations have continued to increase, as the halons presently stored in fire extinguishers are released, but their rate of increase has slowed and their abundances are expected to begin to decline by about 2020. Also, the concentration of the hydrochlofluocarbons (HCFCs) increased drastically at least partly because for many uses CFCs (e.g. used as solvents or refrigerating agents) were substituted with HCFCs. These last are less dangerous than CFCs for the ozone layer, but contribute significantly to the greenhouse effect increaging the Earth's global warming, so they will be also subjected to a similar banning in the future.
The Montreal Protocol can be considered the most successful international environmental agreement to date, and an example of inversion of environmental dangerous tendences by active environmental policies.
Tomado de/Taken from Wikipedia (español)/(english)
Gracias a/Thanks to Radagast ¿Quién se acuerda del ozono?
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sábado, 17 de enero de 2009
LA NIÑA DE 12 AÑOS QUE SILENCIÓ AL MUNDO (CUMBRE DE RÍO DE JANEIRO SOBRE LA TIERRA , 1992) / ENVIROMENTAL RÍO JANEIRO 1992 ONU
Traemos este grito terriblemente razonado de la niña que es y representa, la generación de nuestros hijos, a la cual, como ella dijo:
estamos aniquilando
¿qué autoridad moral podemos tener desde la acción hipócrita del día a día?
Ocurrió en la CUMBRE DE RÍO DE JANEIRO SOBRE MEDIO AMBIENTE CELEBRADA EL 3 AL 14 DE JUNIO DE 1992, POR NACIONES UNIDAS Y DESARROLLO (ONU)
estamos aniquilando
¿qué autoridad moral podemos tener desde la acción hipócrita del día a día?
Ocurrió en la CUMBRE DE RÍO DE JANEIRO SOBRE MEDIO AMBIENTE CELEBRADA EL 3 AL 14 DE JUNIO DE 1992, POR NACIONES UNIDAS Y DESARROLLO (ONU)
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lunes, 8 de diciembre de 2008
Datos de cuevas y el declive de los imperios/ Cave's data and decline of empires

El declive de los imperios romano y bizantino en el Mediterráneo oriental, hace más de 1.400 años, podría haber sido causado por cambios climáticos desfavorables.
Basándose en la signatura química de una estalagmita de una cueva cerca de Jerusalén, un equipo de geólogos americanos e israelíes, han hecho un estudio detallado del clima de la zona entre los años 100 A.C. y 1100 D.C. Su análisis, que se publicará en un próximo número de Quaternary Research, revela un tiempo cada vez más seco entre los años 100 DCy 700 D.C., que conicidó con la caída de ambos imperios, romano y bizantino, en la zona.
Según Ian Orland (University of Wisconsin-Madison) "Es como en los anillos de los árboles: hay muchos anillos concéntricos que se pueden analizar, pero en vez de fijarnos en su anchura, hemos estudiado la composición geoquímica de cada uno". Utilizando la composición isotópica del oxígeno y las impurezas, como la materia orgánica llevada hasta la cueva por la lluvia, atrapadas en los depósitos minerales, Orland ha calculado los niveles anuales de lluvia caidos en los años en los que la estalagmita estudiada creció.
Este detallado estudio demuestra que el Mediterráneo oriental se hizo cada vez más seco entre los años 100 D.C. y 700 D.C. un tiempo en que el poderío romano y bizantino en la zona disminuyó, coincidiendo con disminuciones muy marcadas en las precipitaciones entre el 100 y el 400 D.C. En palabras del Profesor John Valley (University of Wisconsin-Madison): "No sabemos si esto es lo que debilitó a los bizantinos o no, pero es una correlación interesante. Ciertamente, estas cosas estaban pasando a la vez que se producían los cambios históricos".
The decline of the Roman and Byzantine empires in the Eastern Mediterranean more than 1,400 years ago may have been driven by unfavorable climate changes.
Based on chemical signatures in a stalagmite from a cave near Jerusalem, a team of American and Israeli geologists pieced together a detailed record of the area's climate from roughly 200 B.C. to 1100 A.D. Their analysis, to be reported in an upcoming issue of the journal Quaternary Research, reveals increasingly dry weather from 100 A.D. to 700 A.D. that coincided with the fall of both Roman and Byzantine rule in the region.
According to Ian Orland (University of Wisconsin-Madison) "It looks sort of like tree rings in cross-section. You have many concentric rings and you can analyze across these rings, but instead of looking at the ring widths, we're looking at the geochemical composition of each ring". Using oxygen isotope signatures and impurities — such as organic matter flushed into the cave by surface rain — trapped in the layered mineral deposits, Orland determined annual rainfall levels for the years the stalagmite was growing.
The detailed climate record shows that the Eastern Mediterranean became drier between 100 A.D. and 700 A.D., a time when Roman and Byzantine power in the region waned, including steep drops in precipitation around 100 A.D. and 400 A.D. In words of professor John Valley (University of Wisconsin-Madison): "Whether this is what weakened the Byzantines or not isn't known, but it is an interesting correlation. These things were certainly going on at the time that those historic changes occurred."
Tomado de/Taken from University of Wisconsin-Madison
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viernes, 10 de octubre de 2008
Sea-level to rise by one-metre this century

Global warming calculations have been too optimistic, and the sea level round the globe is likely to rise a full metre this century, two senior German scientists : Joachim Schellnhuber, who heads the Potsdam Institute for Research on Global Warming Effects, and Jochem Marotzke, a leading meteorologist, said UN-backed data on climate change, predicting a rise of 18 to 59 centimetres, were out of date.
According Schellnhuber “We now have to expect that the sea level will rise by one metre this century". He also said that international plans to limit the rise in average global temperatures to just 2 degrees Celsius by the end of the century, mainly by limiting growth in carbon dioxide, were only achievable with enormous effort.
Schnellnhuber, who is official adviser to German Chancellor Angela Merkel on climate-change issues, said the new findings employed data unavailable to the Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) for its most recent global warming report.
The two experts said the IPCC report had been based on data up to 2005 only, but since then ice loss in the Arctic had doubled or tripled.
Schnellhuber charged that 20 percent of the loss of the ice sheet on Greenland could be directly linked to the added carbon dioxide emissions from new Chinese coal-fired power stations.
Taken from Environmental News Network
martes, 16 de septiembre de 2008
Global warming creating ‘environmental refugees’

Global warming and consequent rise in the sea level is posing a threat to the population, turning them into ‘environmental refugees,’ in the Sunderbans, the largest delta region in the world.
Ocean scientists say the islands of Lohachara and Suparibhanga have been submerged . Erosion and submergence have been taking place in 12 sea-facing southern islands of the Sunderbans, putting at risk the lives of thousands of people and wildlife.
A research team led by Professor Sugata Hazra, Director, School of Oceanographic Studies in the Jadavpur University, Kolkata, has found that 82 sq km land has been inundated over the past three decades.
The more the sea rises fed by melting ice, the greater the erosion in the estuarine islands, Professor Hazra says. He estimates that 70,000 people, out of the 4.1 million people living in the islands, would be rendered homeless by 2020 from the Indian part of the Sunderbans.
He has demanded an international provision for the displaced people, whom he terms as ‘environmental refugees.’ Most of the displaced people from the two submerged and six shrinking islands have been heading for Pathar Pratima island and Sagar Island where pilgrims from all over the country gather at the Kapilmuni Temple in winter.
People in the islands of Ghoramara, Dublat GP of Sagar Island, G-Plot and Mousuni are extremely vulnerable, Professor Hazra says. The rate of sea level rise is currently approaching 3.14 mm per year near Sagar Island and this could increase to 3.5 mm in the next few years due to global warming.
“The rate is higher in the Bangladesh part of the Sunderbans due to higher rate of deltaic subsidence,” he says.
Displaced people from the islands allege the land given to them is insufficient.
Subhas Chandra Acharya, Joint Director of Sunderban Development Board, says that initially 6 bighas of land per family from Lohachara island were given to settle in Bankimnagar village, but later it was dropped to 1.5 bigha.
Taken from The Hindu
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